Chelo de Castro, ícono del periodismo deportivo: 101 años de vida
Nació un 19 de marzo de 1920 cuando despegaba la segunda década del siglo XX y Barraquilla despuntaba de norte a sur por las orillas del Rio Magdalena. En ese entonces dos grandes sectores afloraban en la arenosa. Uno por los lados donde se desarrollaba parte del progreso de la urbe con instalaciones y talleres en los que ingenieros y técnicos constructores de ferrocarriles daban vida al progreso: Barrio Abajo, nombre dado porque por allí precisamente el rio Magdalena ha cumplido el último recorrido hasta alcanzar el desagüe en la llamada Bocas de Cenizas, donde vierte sus aguas uniéndose en turbulentos grises y remolinos con el Mar Caribe.
Sus primeros años los transitó, coincidiendo con el furor de un fútbol que aunque incipiente, era el gran atractivo de entonces y que cada fin de semana concitaba a un público llegado de todos los rincones de la ciudad. Por eso, José Víctor De Castro Carroll quien años después sería conocido como Chelo de Castro, siendo muy niño tuvo el privilegio de conocer y ser admirador de figuras futboleras como los hermanos Juan, Víctor y Gabriel “Vigorón” Mejía, hijos de la matrona Micaela Lavalle de Mejía la fundadora del Juventud Infantil, club que años más tarde se convertiría en el Junior de Barranquilla. En especial se hizo muy amigo de Roberto “El flaco” Meléndez la gran figura de aquellos tiempos y quien lo tomaba de la mano y lo ingresaba al Estadio Moderno.

Sus estudios de secundaria los adelantó en parte en el Colegio de Barranquilla la más prestigiosa institución de educación pública de entonces. Por falta de flujo económico terminó su bachillerato en otro plantel de la ciudad. A lo largo de tantísimos años, su carrera periodística ha sido altamente calificada a nivel regional y nacional. De eso se siente muy complacido; pero sostiene que le hubiera gustado haberse graduado de abogado, profesión de la que estuvo muy interesado. “Yo escuchaba decir que habían demasiados abogados y los habían tinterillos y malos, pero en todas las profesiones hay bastantes; unos son buenos, otros que son malos y otros que son malos pero de hacer maldades ja, ja, ja...buenos son pocos...”
Casado con doña Judith Vásquez, con quien acumula 71 años de compartimiento hogareño es padre de siete hijos: José María quien es el mayor; Aníbal quien vive en Estados Unidos hace treinta años; Iván José quien vive en casa de sus padres y es fiel acompañante del maestro a todas partes; Silvana, la mayor de las hembras y quien es optómetra; Bellita, casada y residente en Bogotá hace varios años; José Víctor y Darío, que es el menor y conocido como Chelito, famoso músico, arreglista y compositor. Chelo de Castro y Judith Vásquez aún se cantan boleros, se toman toman de la mano y se miran a los ojos. “Vivir una buena vida” es la clave que hoy enseñan para disfrutar de un amor hasta que la muerte los separe.
Del núcleo familiar recuerda a su tío Aurelio, famoso periodista de deportes y otras áreas en medios escritos; a su primo Eduardo De Castro, quien estuvo en el diario La Prensa de cronista deportivo, fue directivo en la Liga de Fútbol del Atlántico y miembro de la junta directiva de la Adefútbol, fundada en 1936. Chelo tuvo la oportunidad de conocer y codearse con veteranos periodistas impulsores del oficio en Barranquilla y que alcanzaron prestigio en el ámbito del deporte. Todos mayores que él y de quienes seguramente heredó parte de sus enseñanzas periodísticas. “Antes de entrar a la radio, yo le tenía miedo al micrófono por mi problemita de tener la lengua pegá; pero mi amigo Mike Schmulson me animaba. – Habla por radio, me decía siempre – hasta que un día me puse a analizar tanta gente hablando paja detrás de un micrófono y me dije: eche y yo ¿Por qué no voy a poder decir lo que quiero? Me decidí y aquí estoy con 75 años cumplidos en mi Desfile Deportivo”.

Como buen barranquillero, Chelo en sus años juveniles pateó bola de trapo, jugó a la chequita, bolita de uñita, bailó trompo, jugó a La Lleva, las 4-8 y 12 y practicó atletismo, compitiendo con pelaos de la cuadra dando vuelta a la manzana y saltando con vara estilo salto con garrocha. Fue testigo de los enormes brincos que daba Humberto Perea saltando arroyos para no pagar los dos centavos que pedían los que ponían las tablas por atravesar las calles. “Hombre, yo jugué todos esos pasatiempos callejeros que ya no se ven, pero mi deporte favorito fue siempre el boxeo”.
Recuerda que una mañana en el año 1996 amaneció sin poder leer el periódico. La vista la había perdido en un cincuenta por ciento. Poco a poco parecía recuperarla, pero en el 2017 de nuevo sintió que no podía casi ver. Lleva más de tres que dejó de en su máquina Underwood que tanto lo identificó. Desde entonces dicta sus columnas. Un nieto de nombre José Víctor, ingeniero de sistemas es el encargado de redactar en un portátil. Chelo que nunca gustó del computador, se complace escuchando el tic tic del teclado que va describiendo con pelos y señales lo que de su cabeza sale sin acudir ni consultar libro o archivo alguno. El disco duro es su privilegiada memoria.
Fuimos testigos en varias ocasiones de la forma memorizada de cómo Chelo extraía de su mente datos y recuerdos, con fechas y sitios en donde se libraron batallas de boxeo por títulos mundiales o de la manera como describía la curva de un lanzador estelar de los Dodgers o de un bambinazo sobre el centerfield de un pelotero de los Yanquis. Todo lo iba escribiendo su nieto José Víctor sin dejar escapar una coma o un punto dictado por el columnista.

Del periodismo deportivo él mismo afianza su sentencia cuando dijo hace algunos años que si Dios le daba vida dejaría el oficio en el 2020. El mismo que afirma que si volviera a nacer, volvería a ser periodista. Entonces, seguramente los lectores de sus columnas acudirán diariamente a devorar sus notas y los oyentes de su programa radial sin importar su voz gangosa seguirán escuchado todas las mañanas aquel estribillo anunciando... “Desde Barranquilla, cuna del deporte nacional, Radio Aeropuerto presenta, Desfile Deportivo en la voz de Chelo De Castro C...”
Chelo De Castro escribe y ha publicado ininterrumpidamente desde 1945 una columna deportiva en diferentes periódicos de Barranquilla. Comenzó su larga y exitosa carrera de columnista en el Semanario La Unidad, que dirigía el doctor Armando Zabaraín. En el periódico La Prensa siguió escribiendo su columna desde 1950. Allí permaneció diez años y a partir de 1960 trasladó sus escritos a EL Nacional, un vespertino de Julián Devis Echandía, donde estuvo ocho años. En 1968 laboró en Diario del Caribe donde permaneció los siguientes ocho años. A partir de 1976 se desempeña como columnista del periódico El Heraldo. Hoy, a sus más de cien años sigue desempeñándose en este importante medio escrito de la ciudad, donde sigue gozando del aprecio de todos y del reconocimiento total del público barranquillero.
Es dueño de un vocabulario exquisitamente picaresco en el tratamiento de sus temas y aunque de lenguaje sencillo y claro, utiliza un léxico con palabras de su inventiva que a fuerza de repetir se volvieron populares en sus miles de lectores y oyentes. Palabras y frases como “Et pa plus” "bambinazo" (jonrón), "jeme a jeme", "la friolera", “pregunta pringamocera", "never come back", "mondis miqui joping yegua” entre otras se hicieron celebres y pertenecen ya al dominio del público caribeño.

La primera columna fue publicada el sábado 15 de julio de 1950 y el tema central fue el béisbol, haciendo un análisis de las actuaciones de las novenas Filtta y Cerveza Águila. En esa columna
comenzó a acuñar sus propias expresiones, uno de sus primeros ‘jonrones’ fue ‘friolera’. “El juego de esta tarde, palabra de cronista deportivo que, como ustedes saben, es gente seria... El Filtta ocupa el primer lugar actualmente en batting colectivo. Desplazó a Cerveza Águila (culpa del Veneco Gómez) y aguantan los toletes la menor intención de soltar tan privilegiada situación… tienen vista los majagueos textiles están con solo 530 turnos oficiales al bate, mientras los cerveceros andan con 682 y los próceres con la friolera de 701.
Padrino de escenarios deportivos, a él se debe los nombres del estadio de Beisbol Tomás Arrieta, los del fútbol Romelio Martínez y Roberto Meléndez, de baloncesto Elías Chegwin y del velódromo Rafael Vásquez; con su voz y su pluma enfrentó siempre sin recato ni temor a sus más encarnizados enemigos y detractores. Y se convirtió y sigue siendo quizás en el último adalid defensor del deporte y de los deportistas de Barranquilla y el Atlántico.

Un 7 de abril, día conmemorativo de Barranquilla de un año que el mismo no recuerda, Chelo desfiló en un lujoso automóvil con una banda cruzada en el pecho con los colores de la bandera de la ciudad y con el título de Gran Mariscal, Honor que se le tributaba como ciudadano ejemplar. Fue uno más de los tantos tributos que se le han brindado a nivel local, departamental, y nacional. Igual a nivel internacional ha sido reconocido como el Decano de los Periodistas y en tal sentido la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), le rindió homenaje con una placa y un pergamino en el que se le reconocía como el Periodista Deportivo más Longevo de América. Resultaría innumerable reseñar los tantos homenajes que a este maestro del periodismo se le ha rendido por sus años de existencia y en ejercicio de su oficio por más de 70 años.
Hoy hemos dejado de lado temas de singular interés, tales como la pandemia del Covid 19, la “devaluación” del Presidente Iván Duque, venido a pique por sus – considerados desaciertos –los escándalos por corrupción, ineficacia de los ministerios de Salud, de justicia y pare de contar. Sí, todos esos temas echados a un lado, para encasillarnos en un personaje al que queremos, con estas líneas, enmarcarle un merecido reconocimiento a su pulcritud, constancia y fidelidad, bajo el nombre de Chelo de Castro…Deseándole en esta fecha de su cumpleaños número 101, muchos más. .. Por ahora, solo nos resta decir, como lo apunta el propio protagonista, ¡Et pa plus..!
(Esta nota forma parte del Libro biográfico del maestro Chelo, de mi autoría y próximo a ser editado). de este autor proxima a ser editado)