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Buona sera Salvatore Buona sera

Esta semana se conoció la intención del Gobierno de Estados Unidos para enviar a Mancuso a Italia en vez de a Colombia, fecha límite, 4 de septiembre de los corrientes. Salvatore Mancuso, sinónimo de secretos, muerte y mafia, amigo de políticos, empresarios y militares, contrató una firma de abogados que tiene en jaque al gobierno y la cancillería colombiana por aparentes conveniencias políticas en las que no tenemos el poder de inmiscuirnos, no con esta ciudadanía. El 27 de marzo Mancuso terminó de pagar su condena por narcotráfico en Estados Unidos. Sus abogados radicaron, el 11 de febrero, la solicitud para que fuera deportado a Italia, alegando su nacionalidad y el riesgo a su vida e integridad en territorio colombiano, ante las declaraciones de políticos y manifestaciones oficiales sobre el particular.

Muy similar a lo que ocurrió hace años ya con Yair Klein, el israelí entrenador de los paramilitares que también eludió la extradición a Colombia. En 2001, la justicia colombiana condenó a Klein, en ausencia, a diez años y ocho meses de prisión por "instrucción, entrenamiento en tácticas, técnicas y procedimientos militares terroristas, agravado por haberse cometido con mercenarios, y concierto para delinquir". Una orden de captura internacional emitida por la Interpol a solicitud de Colombia permitiría posteriormente su arresto, en Moscú, en agosto de 2007. Pero la extradición de Klein a Colombia fue bloqueada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por considerar que Colombia no podía garantizar su seguridad y peligraba su vida e integridad personal, por lo que las autoridades rusas enviaron a Klein a Israel. Algunos manifestaron en aquel momento que si bien era cierta la afirmación que peligraba la vida e integridad de Klein, su argumento de que las pésimas condiciones de las cárceles colombianas lo podían afectar en su salud, vida e integridad era muy débil; al final, en los pasillos se escuchaban como chismes de corredor, que en Europa no existió la intención política de devolverlo a nuestro país, ante los intereses europeos que ponía en jaque si llegaba a hablar del conflicto armado en Colombia.

Y al parecer vuelve y ocurre lo mismo.

Mientras Mancuso está ideándose sus vacaciones en la hermosa costa amalfitana, Colombia, de manera inocente y hasta ingenua, intenta que sus aliados en el mundo respeten el derecho imperativo internacional, la justicia, la verdad y la reparación; nos vemos en el papel de hacer la celestina, donde entre comedia y drama, nos ignoran y pasan por alto, con el mayor descaro e importándoles muy poco. Es evidente que somos, ante los poderosos, ciudadanos de segunda, que ante reclamos que puedan chocar con intereses locales, simplemente recibiremos una palmada en la espalda y un “no” rotundo a nuestras peticiones.

Salvatore Mancuso

En Italia, su nombre no sonará a terror en la toscana italiana, donde seguramente irá y se tomará unos vinos en el Castello Di Verrazzano, mientras que aquí sus víctimas lo recuerdan en Norte de Santander, La Guajira, Bolívar, Sucre, Magdalena, Atlántico, Cesar y Córdoba. Allá, hará glamour de su vino, prosciutto y quesos madurados del arte culinario italiano, aquí hizo y seguirá haciendo gala de los siguientes delitos: Homicidio y tortura en persona protegida, toma de rehenes, desaparición forzada, desplazamiento forzado de población civil, tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, concierto para delinquir agravado; actos de terrorismo; homicidio en persona protegida y 411 delitos más.

Espero no vaticinarlo y tampoco tener razón, pero, veo poco probable que la Cancillería, la Agencia de Defensa, Jueces de la República y demás personal que ha intentado cumplir con su deber de traer a un delincuente a contar su historia, pagar sus penas y retribuir a sus víctimas, pueda hacerlo. No creo que la policía colombiana lo traiga desde Firenze donde seguro visitará como un mortal, ciudadano corriente, el mercado de dicha ciudad y comerá diagonal al Ponte Vecchio, seguramente en el Golden View. Lo más probable es que, como con Yair Klein, y a pesar de todas las gestiones, hagamos un oso internacional ante la ausencia total de voluntad política de nuestros aliados, mientras Mancuso se baña en las playas de la Sardegna, en Alghero.

Pero y ¿Si hubiese ocurrido al revés? Si Osama Bin Laden, hipotéticamente vivo, estuviera capturado pagando una pena en Colombia por un delito importante, y su país, Arabia Saudita lo solicitase en extradición, ¿Estados Unidos respetaría el riesgo a la vida e integridad que corre en su país y aceptaría la negativa nuestra de entregárselo en sus manos para que pague por sus hechos atroces? Es más, ¿Aceptaría siquiera que pagara por algún delito primero aquí antes que allá?

No necesitamos respondernos, es evidente. Colombia necesita algo de dignidad internacional, menos arrodillados y más exigencias; para negociar, no se puede comenzar entregándose y sin un plan B. Es la hora y no lo hemos aprendido. Aún quedan cosas por hacer, el derecho internacional contempla ante estas situaciones soluciones a las que nuestro país podría acudir para evitar que Salvatore Mancuso se salga cien por ciento con la suya. De esta manera, tal vez, lo capturen en el restaurante Baccano en Roma que queda cerca por ahí, por donde seguro se tomará un par de fotos, por la Fontana Di Trevi.

Amancerá y veremos, mientras tanto, lo veremos caminando por el Monumento Nazionale a Vittorio Emanuele, se encontrará con un restaurante, La Cabana, donde más de un romano cenará al lado de Mancuso, pedirá una pasta bolognesa, un vino de sangiovese con agua san pelegrino y un licor de grapa para digerir, y se despedirá, sin saberlo, de uno de los mafiosos libres más temibles sobre la tierra: “Buona sera Salvatore” – “Buona sera amico mio”, responderá el colombiano.