Share:

Barranquilla 209 años: la Inseguridad, tarea pendiente

En su grandiosa composición titulada “En Barranquilla me quedo”, bien lo dice el inmortal Joe Arroyo: “Del Caribe Aflora, bella, encantadora, con mar y rio, una gran sociedad” …Barranquilla hermosa, de la nobleza y gente acogedora. Sí, esa es la Barranquilla, la nuestra, la que acaba de cumplir 209 años en medio de un transitar veloz y agigantado, orgullo y punto de partida para progreso nacional.

Es esa de tierra caliente, de dichos y costumbres propias, de jolglorio y alegría por doquier; la misma patria chica que en vez de llorar, ríe y en vez de entristecer, baila y goza, que cambia la amargura por la esperanza y abre sus puertas sin recato ni acondicionamiento de raza, credo ni religión. La que revienta de felicidad en cada conquista del rojiblanco y que supera rápidamente traspiés y derrota del club de sus amores.

Es la Barranquilla de Estercita Forero, de añoranzas con el palito de matarratón y deI viento vagabundo murmurando, en medio de remolinos de nostalgias y de Jardines con noche de serenata y bajo la lunita grata. Es la que acaba de acumular vida adulta de más de dos siglos impartiendo e irradiando progreso y sentimientos de libertad a toda Colombia.

Hoy, se muestra al mundo como epicentro de desarrollo del país y tierra fértil para invertir de economía extranjera con la mejor opción. Aquella arenosa y de vientos vagabundo, convertida ahora en “selvas de cemento” con gigantescos monumentos a la arquitectura moderna que reflejan el empuje y decisión de marchar firme y de frente al Rio. Orgullo de los nacidos en sus entrañas, pese al detrimento que otros, venidos de extrañas tierras han entronizado con maldades y costumbres poco sanas intentando contagiarnos de perversidades. 

Reconocemos el empuje de sus últimos administradores para colocar a la ciudad en sitial de privilegio a costa sin embargo de sacrificio y detrimento de patrimonio regional, personal o familiar en que hemos estado sometidos desde hace años con la Ley 550. Hoy, antecesores y mandatarios actuales sacan pecho y sonríen enarbolando las gigantes edificaciones en sus cuatro puntos cardinales y en sus contornos, mostrando el moderno Malecón, la Ventana al Mundo y la Ventana de Campeones. Sin duda, vistosos y recreativos sitios para visitar por propios y extraños.

Pero en medio de tantas bellezas y atractivos que han generado acertadamente elogiosos comentarios, pendiente quedan algunos lunares por extirpar, para hacer de la ciudad la verdadera razón de orgullo barranquillero. Y uno de estos faltantes tiene que ver con la inseguridad en que vive la sociedad. No son solo puntos álgidos tradicionales de sur, oriente y occidente; el norte y centro histórico enmarcados tradicionalmente como lugares de tranquilidad y sosiego han sido sometido en los tiempos últimos en epicentros de operativos delincuenciales. El atraco, el fleteo, la extorsión y el sicariato han hecho mella tanto aquí como allá. 

Y qué decir del gran negocio del macro y el micro tráfico. Barranquilla y su área metropolitana se han convertido en sedes de reconocidas bandas del narcotráfico que desde el interior del país acentúan nuestras costas caribeñas como punto importante para irradiar al exterior toneladas de coca, marihuana y otros estupefacientes. Y para concentrar en distintos puntos locales la distribución y consumo sin control alguno; generando ello constantes disputas territoriales en los que muchos civiles inocentes caen víctimas de enfrentamientos ajenos.

Una de las razones que más nos mueve a redactar estas líneas en esta tribuna lo es la enorme y creciente preocupación y desesperanza en que vivimos los residentes en la ciudad y municipios circundantes por la inseguridad que nos envuelve cada vez más y más. El raponeo de un celular o una cartera con unos pesos, aparece inesperadamente en cada esquina o en el interior de buses bajo el amenazante revólver o cuchillo en manos de desalmados que muchas veces no conformes con arrebatar el bien a las personas, disparan o apuñalan sin contemplación alguna hiriendo o matando a inocentes. 

No compartimos totalmente medidas como las de la alcaldesa de Bogotá de suprimir en fines de semana el parrillero de motos, pero acciones drásticas hay que adoptar por parte de las autoridades de policía y bajo responsabilidad directa de los primeros mandatarios alcalde y gobernadora. He ahí señor Jaime Pumarejo, alcaldes de municipios y gobernadora Elsa Noguera, la quizás más grande y urgente tarea que tienen ante la sociedad.

Sería interesante que en este cumpleaños 209 de Barranquilla, ustedes, mandatarios, entregaran a la ciudadanía una grata noticia que aliente la esperanza de un vivir mejor, en paz y seguridad como hace rato no la tenemos.  Para entonces sí, henchir el pecho y sentirnos enormemente orgullosos de ser barranquilleros.