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¡Aislamiento total..!

Por muy alto grado de optimismo y pretendido convencimiento que nos parezca el diario discurso del Presidente Iván Duque a las 6 de cada tarde, nos resulta particularmente paradójico, dadas las cifras que se muestran en el cuadro estadístico referido a la pandemia del coronavirus. Mientras Duque y su equipo de gobierno, en el que parecen incambiables las figuras del Ministro de Salud, de Trabajo y la Vicepresidenta, nos alientan o por lo menos eso intentan, hablando de la disminución de cifras de muertos en el país, el aumento cada 24 horas de contagiados va creciendo día a día.

Aumento que involucra y en gran margen a los auxiliares de primera línea, es decir, médicos, enfermeras y auxiliares de la salud en hospitales y clínicas; esos que son irónicamente llamados “Héroes nacionales” y que en cada  momento y circunstancias exponen sus vidas por salvar la del prójimo. Esos mismos que son ignorados por el Estado al no proveerlos de los mínimos elementos de protección y que en las calles también son maltratados y discriminados por el público.

Por un lado, el Presidente Duque anuncia la extensión de dos semanas más del acuartelamiento en casa, pero de inmediato promulga que a partir del 27 de abril se abren puertas para el desarrollo de la producción y economía en sectores como la construcción y las manufacturas.

Mientras se recomiendan por enésima vez el uso de protección como guantes y mascarillas y el lavado de manos con jabón a cada rato y el Ministro de Salud sostiene que la “famosa curva” de aplanamiento está tratando de aplanarse, horas después se conocen de más de 40 nuevos contagiados en la cárcel de Villavicencio para alcanzar casi un centenar afectados incluyendo prisioneros y guardianes.

Paradójicamente,  mientras se pide al mundo aplausos para esos héroes de la salud convertidos en mártires exponiendo sus vidas para salvar muchas otras, profesionales del gremio se infestan por montones en clínicas, hospitales y centros siquiátricos, y en conjuntos residenciales los médicos y sus familiares son amenazados de muerte por desadaptados e ignorantes. Y en Barranquilla una doctora es echada por reclamar le sean practicados exámenes luego de relacionarse en atención con infestados por el coronavirus.

Y mientras se regodean, reiterando en alta voz, que los adultos mayores de 70 años deben permanecer “ocultos” en sus casas, el Ministro de Deportes Ernesto Lucena se muestra complacido diciendo que a partir del lunes se puede ir a cielo abierto a jornadas de ejercicios y recreación porque el cuerpo humano así lo necesita. Especifica solo autorizados entre los 18 y los 60 años, aunque recomienda no tocar ni colocar las manos en las barandas metálicas de los juegos mecánicos y mantener distancias entre el que trota cerca del otro. Y los niños tampoco deben ser llevados a los parques.

El Presidente Duque y sus ministros decretan congelación de tarifas en los servicios públicos mientras dure la pandemia, pero las empresas de agua y luz aprovechan para incrementar dos y tres veces el valor de las facturas. Clara y manifiesta demostración de que decretos y resoluciones del gobierno poco importa a los mercaderes de estos servicios.

Posiciones que nos parecen de populismo gubernamental queriendo lucir ante el pueblo como “ángeles guardianes de vida”, aunque las imágenes televisivas nos siguen mostrando día a día las manifestaciones de vecinos de barrios marginales y familias humildes implorando la presencia de ayuda humanitaria para un poco de comer.

La economía del país está afectada y eso es incuestionable porque al no haber producción se crece el desempleo y la materia prima y productos mínimos para la subsistencia se vienen al piso. Claro, el país y todo el pueblo sufre, siendo más notorio y ampliamente en las clases populares y marginales. Todos los sectores, incluyendo el deporte padecen el mismo mal. Y en ese orden de ideas, el fútbol, deporte por excelencia en Colombia se suma como un problema más al gobierno de Iván Duque. Dignatarios de enorme convocatoria en la Dimayor insisten por la pronta reapertura del juego de multitudes, señalando el enorme caos económico que significa la suspensión del campeonato.

El gobierno se ha mantenido en su posición: “por ahora no habrá fútbol”. Sentencia que parece relegar por lo menos en dos o tres meses más la ausencia del balompié en los estadios; ni siquiera a puerta cerrada como fórmula salvadora presentada para reanudar el juego. Ahora se han inventado un  nuevo factor distractor: el Play Station. Un moderno y técnico juego de fútbol en el que un representante por club enfrenta a otro. La transmisión por televisión será remunerada para los clubes que buscan de cualquier forma la tabla salvadora de la crisis.

Totalmente de acuerdo con la posición del gobierno de “no al fútbol por ahora”.  Reanudar significa correr un altísimo riesgo de contagio. El fútbol es de contacto, de roce continuo, de choque y de verborrea de parte y parte. Sería retroceder en lo avanzado. Es preferible esperar un poco más hasta donde sea posible. La salud y la vida de los deportistas están por encima de cualquier valor económico.

Lo que no entendemos o no estamos de acuerdo es que las restricciones sean parciales; salir al aire libre, hacer ejercicios aunque no sea en canchas abiertas o parques, así sea para realizar marchas y caminatas. Resultaría incontrolable marcar espacios entre uno y otro marchista o caminante; o de un lado a otro; la respiración por muy corta que sea, puede expeler gérmenes y virus contaminantes. Creemos que en tal sentido las medidas restrictivas deben ser para todos y no sectorizadas. Aunque la actividad física no sea más allá de un kilómetro del lugar de residencia y en un único horario de 5 a 8 de la mañana. Aunque sean excluido  los niños y jóvenes  menores de 18 años.

El riesgo es enorme. Lo ideal es que se mejoren los protocolos y no que se modifiquen en perjuicio o riesgo de regresar al principio. ¡El aislamiento debería ser total!