Adultos mayores no merecen ser desdeñados
En estos tiempos de pandemia por el “Bendito Covid 19, quiero recordar tiempos en que laborábamos en el periódico de la ciudad, cuando nuestro director llamaba la atención de los periodistas que en alguna nota calificaban de “Anciano” a personas de 60 o 70 años. Una de sus frases con sabor a sentencia fue: “No se es anciano por que se tenga 60 o 70 años; se es anciano cuando un adulto mayor, aún por debajo de las edades señaladas no puedan valerse por sí mismo, cuando sea necesario ayudarle a hacer sus mínimas necesidades o que estén limitados por alguna enfermedad física o mental.
Fue, una verdadera lección periodística para quienes –como lo hacen ahora muchas personas- que creen, desde los propios mandatarios nacionales que han confinado a los adultos mayores y, particularmente a los colombianos de 70 años bajo la hipócrita frase de “Hay que cuidar a nuestros abuelitos”, frases con tendencias más peyorativas que halagüeñas como pretenden hacer creer.
Como si haber llegado a sesenta, setenta o más años sea una enfermedad contagiosa de la que hay que desprenderse. Tanto así que, inclusive algunos comentarios publicados en redes sociales de funcionarios y mandatarios del mundo hacen carrera sentenciando que “si hay que escoger, a los ancianos hay que dejarlos morir, para dar prioridad a la mano de obra productiva”.
Olvidan sin contemplación alguna, que quienes traspasaron la barrera de los sesenta o setenta años han sido la fuerza productiva en el mundo para estar en el sitio en que hoy está el universo. El motor que impulsa desarrollo y progreso, y que todo el modernismo de tiempos presentes fue camino abierto y labrado por los hoy mayores a los que se desdeñan sin respeto alguno. Riquezas y poder de quienes ostentan mandos gubernamentales, económicos, sociales y de todo orden son herencias de quienes años antes han doblado el lomo, cargando ladrillos y sudando la gota gorda para que “nuestros descendientes”, los hoy Presidentes, Ministros, congresistas, empresarios, banqueros y magnates del erario público y privado hayan llegado a los pedestales que hoy ostentan.
“Todo esto pasa en un país con sistema capitalista- neoliberal en donde las personas mayores de 50 años nos consideran los de mayor gasto para el Estado Corrupto…Ellos piensan que tienen que eliminarnos a como dé lugar porque los respiradores mecánicos y las camas disponibles en las UCI son para los que tengan dinero”, sostiene el ingeniero Benjamín Herrera, compañero nuestro de estudios y concepto que compartimos y comparten muchísimos colombianos mayores adultos a los que han ubicados prácticamente como “desechables en tiempos del coronavirus”.
¿Qué les pasa? Ese es uno de los interrogantes en un artículo –no conozco su autor- en el que se plantean reflexiones sobre la existencia del adulto mayor. “De golpe, reseña la nota- comenzaron a tratarnos como personas ilimitadas a la que hay que ayudar porque solas no pueden. El mundo se debate sobre si dejarnos encerrados y si valemos la pena vivos o no” ¿Quien construyó este mundo en que ahora viven? A manera de respuesta aparece esta reflexión: “consulten con nosotros qué hacer, tenemos sabiduría, experiencia, somos los que hemos producido el capital, y todo lo que ustedes tienen y menos miedo que ustedes los jóvenes”. ¡No nos pidan a nosotros que renunciemos! Somos la generación que sostiene a los que vienen, sin que les haya costado nada”.
“Ser mayor no es una plaga. Es un derecho que nos ganamos con trabajo y el respeto de muchas personas ajenas y aún con más admiración hacia nosotros que ustedes los que hoy nos tiran al cesto de la basura”, se apunta en el artículo mencionado y aparecido en las redes sociales.
Mientras tanto, el Presidente, sus ministros y entendidos en materia de salud ratifican una y otra vez las medidas de seguridad e higiene que debemos todos respetar. Recomendaciones dirigidas a la población joven y adulta joven; porque a los entrados ya en la sexta década y más allá, solo se les obliga seguir confinados, escondidos, casi que enjaulados, sin derecho de asomarse a la puerta o el balcón de su casa. “Hay que darle prioridad y salvamento a los empresarios y productores de la economía para que el país no siga desangrándose. La fuerza del trabajo productivo está en los adultos pero menores de cincuenta años”, tal el pensamiento de gobernantes y empresarios de la industria, comercio y demás actividades manufactureras.
Y como respuesta a estos planteamientos compartimos razonamientos planteados por Daniel Coronell, uno de los afamados cronistas que acaba de ser desechado por la Revista Semana al no comulgar con las denuncias hechas por este crítico social.
En una de sus últimas notas en el portal “Los Danieles” bajo el título Con el Dardo en el centro, destaca entre líneas: “El Covid no hizo otra cosa que visualizar lo que se negaba en la antesala del estallido social”.
-Cuando piden ser solidarios, empáticos y cuidar los adultos mayores se dan cuenta que el 90 % de ellos, están solos, viven aislados, y no les alcanza la pensión para vivir dignamente. Cuando llaman al aislamiento social, se dan cuenta que las familias viven en inquilinatos de 40 metros cuadrados con un solo baño para más de una docena de personas. Cuando tuvieron los recursos se dieron cuenta que hay unos empresarios, terratenientes y políticos, a quienes les deben favores, dejándoles la mayor parte de los recursos. Cuando se instruye educar a distancia, se dan cuenta que el 40% de los niños y jóvenes no tiene internet”.
En fin, se ha estigmatizado tanto a los adultos mayores que ya en la calle son repelidos por la gente que cree ver en cada uno de éllos el contagio del Covid 19. Ejemplos se han dado en el país, incluso en un lugar del país, una señora de 60 años fue agredida verbal y físicamente por una mujer y un hombre que casi a empujones le exigían se retirara del .lugar en donde estaba comprando algunos alimentos para su hogar.
Ser adulto mayor no implica ser objeto de desdén y desprecio. Por el contrario, quienes siguen atrás en edad cronológica deberían verse en ese espejo de quienes han vivido más allá de lo que ellos pudieran pretender.