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25 años sin Rosendo Martínez, el rey indestronable del bombardino

“La muerte no es más que un cambio de misión”, dijo hace más de un siglo León Tolstoi, el notabilísimo escritor ruso, autor de ‘Guerra y paz’ y ‘Ana Karenina’, dos novelas catalogadas como joyas de la literatura universal.

Si damos por hecho la aseveración de Tolstoi, entonces nuestro inolvidable Rosendo Martínez, el más grande ejecutor del bombardino de este país, inició hace 25 años su trascendente misión.

Samuel Rosendo Martínez Guzmán, como era su nombre bautismal, murió la noche del miércoles 29 de enero de 1997, aquejado por problemas de insuficiencia renal. Residía con su esposa Prisca, en el barrio La Sierrita, en el sur oriente de Barranquilla. Le faltaban seis meses y diez días para festejar su cumpleaños número 80. Sus restos reposan en el Cementerio Católico Municipal Calancala.

Al evocar su nombre nos viene a la memoria su célebre porro ‘Vuélvelo a poner’, grabado a finales de 60 con los créditos de Rosendo Martínez y su Orquesta, en el sello de discos Philips, y convertido con el paso de los años en una de las más preciadas joyas del repertorio de la música popular de Colombia.

Prácticamente instrumental -pues a lo largo de sus 2 minutos y 20 segundos de duración solo lanza en tres oportunidades la frase que le da el título a la canción- ‘Vuévvelo a poné’ fue la pieza que identificó a Rosendo, no obstante ser él el autor de otros temas no menos populares como ‘Ramita de Matimbá’, grabado con Morgan Blanco; ‘El cimarrón’, ‘Yo no soy así’, ‘El negro caliente’ y ‘El gran Rosendo’, publicados con su propia orquesta; ‘Mujé, ron y pasté’, ‘Palo de agua’ y grabados con Rufo Garrido; ‘El vendaval’, publicado por Ariza y su combo, y ‘La charamusca’, interpretada por Alfredo Gutiérrez y también por Gustavo ‘Loko’ Quintero, con Los Graduados.

En la década de los 50 y los 60, el bombardino de Rosendo tuvo notable protagonismo en las producciones discográficas de los artistas más relevantes de su momento: Rufo Garrido, Sonora Cordobesa, Pedro Laza y sus Pelayeros Alejandro Durán, Aníbal Velásquez, Corraleros de Majagual y Caporales del Magdalena, con Alfredo Gutiérrez a la cabeza.

Precisamente, el trirrey vallenato no duda en catalogarlo el mejor de los instrumentistas de viento de este país:

“Fundamental fue la participación de Rosendo en la evolución de nuestra música popular. Él matrimonió el bombardino con el acordeón para generar la sabrosura en toda su esencia. Las canciones que grabó con Alejandro Durán, con Aníbal Velásquez, conmigo y con ‘Colacho’ Mendoza, dan testimonio irrefutable de ello. Para mí, él ha sido el más grande en la ejecución del bombardino”.

Con Alfredo Gutiérrez, Rosendo trabajó en los Corraleros de Majagual entre 1961 y 1965. De esa época surgieron, entre muchos, dos grandes éxitos que son referentes en el repertorio de Alfredo: ‘Majagual’ y ‘Festival en Guararé’.

A finales de 1968, Alfredo y Rosendo volverían a trabajar, al fundarse la colectividad denominada Los Caporales del Magdalena, en Codiscos. “Participó en muchas producciones mías y viajamos por toda Colombia y fuera del país”, rememora Alfredo.

Rosendo no solo fue un maestro en la ejecución del bombardino, sino también en el manejo del trombón de vara, instrumento con el que participó en la confección de una de las más bellas piezas grabadas en Colombia: el cadencioso pasaje venezolano ‘Rosa Angelina’, de Juan Vicente Torrealba, grabado por Alejandro Durán, en ritmo de merengue, en Discos Fuentes, en 1956. También grabó, en esa misma sesión, ‘Palmito’, ‘La chimichagüera’, ‘Pasando pena’, ‘El sobón’ y ‘La pega pega’.

Así mismo, con Aníbal Velásquez dio otra muestra contundente de exquisitez en cuanto a la combinación de los sonidos del acordeón y el bombardino, en la interpretación de ‘La cachiporra’ (La vieja que va aquí en el bus, habla más que una cotorra, coro: habla más que una cotorra, habla más que una cotorra…), publicada en 1963, en el sello Sonolux.

Rosendo Martínez, el rey indestronable del bombardino

“Hablar de Rosendo es hacer referencia de un músico imprescindible en una banda auténtica del Caribe colombiano. Para mí él es un fuera de serie, tan buen músico como compositor”, afirma Aníbal Velásquez.

Por su parte, Morgan Blanco lo identificó como un mamagallista incorregible, que siempre tenía un apunte gracioso.

Con Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, grabó, en 1962, ‘La despedida’ y ‘De La Junta pa’ La Peña’.

Samuel Rosendo nació el 8 de agosto de 1917 en Cereté, antiguo pueblo del Bolívar Grande, hoy municipio de Córdoba. Fue el cuarto de los seis hijos procreados por Rafael Martínez, un bombardinista empírico de quien heredó la vena musical, y Josefa Guzmán, abnegada ama de casa.

Gracias a la instrucción de su padre aprendió a maniobrar el instrumento desde su más tierna edad.

En el ámbito profesional, Rosendo dio sus primeros pasos en la música con la Banda Departamental de Córdoba.

Antes de enrolarse a la Banda Departamental de Bolívar, incursionó en Los Diablos del Caribe, de Montería, y la orquesta Ondas del Sinú, de Francisco Zumaqué (padre).

Su despegue definitivo lo dio en Cartagena gracias a las grabaciones fonográficas en el sello Fuentes, entonces ubicado en el barrio Manga.

Entre las agrupaciones en las que dejó huella con las notas de su bombardino se destacan Rufo Garrido, Sonora Cordobesa, Jesús Nuncira Machado, Los Caporales del Magdalena de Alfredo Gutiérrez, Los Raspacanillas de Carrizal y Pacho Galán.

Según nos cuenta Gloria, la segunda de los seis hijos que Rosendo Martínez tuvo con Luisa Olascuara -con quien convivió en Montería- “mi padre era un hombre recto y estricto en el hogar, sin renunciar nunca a la ternura”.

Nos dice Gloria –de gran parecido físico con su padre- que Rosendo también fue muy prolífico en procrear hijos. Entre risas asegura, que “sin meter los que dejó regados por ahí, reconocidos somos 15 hijos”. Y la mujer, haciendo cuenta con los dedos, nos dice:

“Con su primera mujer, Élida Gómez, tuvo dos hijos; Luisa Olascuara, mi madre, le dio seis hijos; en Barranquilla se unió con Prisca Díaz, con la que tuvo otros seis hijos. Y en otra unión fugaz quedó otra hija, llamada Olga”.

Ricardo, el menor de los hijos varones de Rosendo Martínez, fruto de la unión sentimental del maestro con Prisca Díaz, afirma que “tengo el mejor de los recuerdos de mi padre. Era un ser amoroso, comprensivo y muy recto en sus cosas. Tuve una relación muy especial con él, pues de sus hijos soy el único que heredé su amor por el bombardino, el instrumento que lo identificó”.

Ricardo ha participado, con su bombardino, en presentaciones con Carlos Vives y Jorge Oñate, entre otras luminarias de la música. Durante varios años perteneció a la orquestas La Clave y La Verdad de Joe Arroyo.

Otros vástagos de Rosendo que se inclinaron por la música fueron Rosendo Jr., bajista de Los Embajadores vallenatos; Jesús, acordeonero de Los Chicos del vallenato en Montería y Gloria, quien compone y canta.

Ciento cinco años cumpliría el próximo 8 de agosto Rosendo Martínez, a juicio de los músicos, historiadores y simples melómanos, el mejor ejecutor del bombardino emergido del terruño colombiano.