20 años después, los talibanes retoman Afganistán
“El que se quiera ir que se vaya” es la orden de los talibanes durante la transición del poder a todo aquél que quiera huir del país que hoy controlan.
El presidente y funcionarios del gobierno depuesto huyen sin conocerse su paradero. Prometen no vengarse, pero sabemos que ni su reputación ni la historia los respaldan.
La ONU clama a los países vecinos permitir la libre circulación de civiles que huyan por miedo a lo que pueda ocurrir o esté ocurriendo con su vida y por el pánico económico.
El anuncio en abril del Presidente Biden de abandonar Afganistán, poniendo fin a la guerra más larga de Estados Unidos, aceleró la re-toma de los talibanes del país.
Hace un par de años, tuve la fortuna de leer la magnífica novela de Parinoush Saniee, titulada “El libro de mi destino” la cual sucede en Irán y retrata la vida de la población antes de la revolución de 1979 y cómo una población no sólo sufre un golpe de Estado sino cultural, por las guerras de Occidente en Oriente Medio, que han llevado a los de la libertad, igualdad y fraternidad a un indudable fracaso.
Este desfase de Occidente sólo demuestra que la democracia no es un producto como McDonald’s o la Coca Cola que pueda exportarse tan fácilmente, imponiéndolo con armas y dinero, lavándolo con tiempo y sangre y vendiéndolo con tecnología, Amazon y Facebook.
Fue el ataque a las torres gemelas, el “nine eleven” que marcó un antes y un después del mundo contemporáneo, lo que provocó la llegada de los estadounidenses a Afghanistán, fue AlQaeda, fue el terrorismo, lo que provocó una sangrienta batalla, entre dos clanes, el águila y las hienas, donde hoy uno se proclama ganador: Las hienas.
La caza de persistencia consiste en que cuando un cazador sabe que su presa corre más largo e intempestivamente que él, no se preocupa por alcanzarlo, sino en perseguirlo, pacientemente, hasta cansarlo.
Los talibanes no se dejaron vencer, no desistieron en su propósito inicial y cansaron, no sólo en dinero, sino emocional y políticamente con escasos resultados (la muerte de Osama Bin Laden no significó jamás la terminación de la Yihad o la amenaza terrorista) que llevaron a Biden a tomar una decisión trascendental de política internacional: Salir definitivamente de Afganistán.
¿Qué se viene ahora? La aplicación rígida de la ley islámica, la discriminación ya no parcial sino absoluta de la mujer, niñas y jóvenes, retaliaciones contra quienes sirvieron al gobierno saliente y a los estadounidenses, asesinatos selectivos, gobierno sordo frente a la población, dictadura, pobreza, riqueza desbordante en unos pocos, la misma cosa por enésima vez, la misma historia de siempre.
Las ideas retrógradas que hoy siguen dominando ciertas partes del globo, demuestran ser más poderosas que los aparentes beneficios que da el primer mundo.
El radicalismo, como enemigo, es invencible y ni el adoctrinamiento, ni la educación han demostrado su erradicación.
Es este radicalismo el que aplaude un Hitler, un Pinochet, un Mussolini, un AlQaeda, un Talibán y genera seguidores, enceguecidos, que no dudan en hacer daño a otro sin importarle quien sea aquel otro, mientras obedezcan la idea radical ¿Entonces? No lo sé, sólo sé que aquéllos que no somos radicales, debemos ser radicales en una sola premisa: “Tolerancia con los tolerantes, intolerancia con los intolerantes”, sino queremos que similares a estos radicales, nos sorprendan dictando órdenes de lo correcto e incorrecto aquí, frente a nuestras narices, en nuestras instituciones, para nuestras familias.
