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102 años: Chelo De Castro, último “Mohicano”de los periodistas deportivos

No es ya el mismo “palo de roble” que le distinguió hasta hace poco tiempo. Los años pasan y cobran dividendos en el desgaste físico de las personas. En los últimos dos años su estructura corporal ha decaído, la vista le afecta y sus movimientos no son apresurados ni ágiles como antes. Ahora es de andar cansino y parsimonioso. Pero aún así, conserva salud y disposición anímica para seguir departiendo vida con su familia.

Nació un 19 de marzo de 1920 en el barrio San Roque. Su señora madre, Silvia Carroll, muy devota del santo José, esposo de María, lo llamó José Víctor. Hoy está de plácemes. 102 años. Su tiempo de niño los transitó, coincidiendo con el furor de un fútbol que, aunque incipiente, era el gran atractivo de entonces y que cada fin de semana concitaba a un público llegado de todos los rincones de la ciudad.  José Víctor De Castro Carroll quien años después sería conocido como Chelo de Castro, tuvo muy niño el privilegio de conocer y ser admirador de figuras como los hermanos Juan, Víctor y Gabriel “Vigorón” Mejía, hijos de la matrona Micaela Lavalle de Mejía la fundadora del equipo Junior. Y de Roberto Meléndez a quien él, Chelo De Castro, sigue considerando el más grande futbolista de Colombia.

Tradicional familia barranquillera. Poco sabe de su ascendencia. Solo conoce que su abuelo, un comerciante portugués llamado José María Castro Rada había llegado al país entre 1845 y 1850. Fue un reconocido exportador de café y de ipecacuana que tuvo diez hijos y era hermano del papá del General Diego A. De Castro, primer Gobernador del Departamento del Atlántico en 1905. Diego A. De Castro, fue el padre de Arturo De Castro Palacios, quien a principios del siglo XX le dio impulso al fútbol en Colombia. En 1910 De Castro Palacio fundó el primer club de Colombia y lo llamó Barranquilla Fútbol Club. Por todo esto es reconocido como el Padre del Fútbol Colombiano.

Núcleo familiar. Casado con doña Judith Vásquez, con quien acumula 72 años de compartimiento hogareño, es padre de siete hijos: José María, quien es el mayor; Aníbal quien ha vivido en Estados Unidos hace treinta años; Iván José quien vive en casa de sus padres y es fiel acompañante del maestro a todas partes; Silvana, la mayor de las mujeres y quien es optómetra; Bellita, casada y residente por muchos años en Bogotá; José Víctor y Darío, que es el menor y conocido como Chelito, famoso músico, arreglista y compositor.

El maestro Chelo y su esposa Judith

José María De Castro y Silvia Carroll, padres de Chelo, formaron una pareja felizmente casada y apreciada por familiares y amigos. Felicidad que fue abruptamente interrumpida por la muerte de Aurelio, un hermano mayor. Parte de sus estudios los adelantó Chelo en el Colegio de Barranquilla, la más prestigiosa institución de educación pública de entonces. Conoció a Heleno De Freitas de quien sostiene ha sido uno de los mejores extranjeros del profesionalismo colombiano. El genial y díscolo personaje dio renombre al equipo Junior donde militó casi dos temporadas. Unas veces por sus formidables faenas y otras por sus inesperados desplantes y acciones temperamentales.

Gran mariscal. Un 7 de abril, fecha conmemorativa de la Ciudad de Barranquilla, Chelo desfiló por las calles en un lujoso automóvil con la banda cruzada en el pecho y bajo el título de Gran Mariscal. Honor que se le hacía como ciudadano ejemplar y que él recibió con orgullo y placer. Recuerda que en un automóvil descapotado fue paseado largamente por las calles; “la gente me aplaudía y me saludaban. Fue un bonito reconocimiento tanto como persona como por mi oficio de periodistas de tantos años”. 

Tabique partido: sello inocultable. Como buen barranquillero, Chelo en sus años juveniles pateó bola de trapo, jugó a la chequita, bolita de uñita, bailó trompo, jugó a la lleva y practicó atletismo, compitiendo con pelaos de la cuadra dando vuelta a la manzana y saltando con vara estilo salto con garrocha. Fue testigo de los enormes brincos que daba Humberto Perea saltado arroyos para no pagar los dos centavos que pedían los que ponían las tablas por atravesar las calles y su deporte favorito fue el boxeo. La Calle Santander entre las carreras Hospital y Concordia, allí se practicaban todos los deportes. Se armaba un ring con piedras en cuatro esquinas y a darnos puñetazos con guantes.

Fue precisamente el boxeo, el que lo alejó de estos entretenimientos. Un primo suyo llamado Jaime Glend también le gustaba el boxeo, pero nunca quería ponerse los guantes con él.  “Un día, de idiota, le dije que él tirara golpes y yo le tapaba y no lo iba a golpear. De pendejo le di ventaja y ese chambón me metió un trompón en la cara y me partió el tabique de la nariz. Esa es la señal inequívoca en el boxeo. Desde ahí dije ¡ no más..! Y dejé de practicar”.

En familia, con su esposa y sus hijos

Recuerda que una mañana en el año 1996 amaneció sin poder leer el periódico. La vista la había perdido en un cincuenta por ciento. Poco a poco parecía recuperarla, pero en el 2017 de nuevo sintió que no podía casi ver. Desde entonces dejó de escribir sus columnas en la máquina Underwood  que le regaló el doctor Juan B. Fernández R. director de El Heraldo. Un nieto de nombre José Víctor, ingeniero de sistemas, fue entonces el encargado de redactar en un portátil. Chelo que nunca gustó del computador, se complacía escuchando el tic tic del teclado que va describiendo con pelos y señales lo que de su cabeza sale sin acudir ni consultar libro o archivo alguno. El disco duro es su privilegiada memoria.

Su vida periodística. Chelo De Castro escribe y ha publicado ininterrumpidamente desde 1945 una columna deportiva en diferentes periódicos de Barranquilla. Comenzó su larga y exitosa carrera en el Semanario La Unidad. En el periódico La Prensa siguió escribiendo desde 1950. Allí permaneció diez años y a partir de 1960 trasladó sus escritos a EL Nacional, un vespertino de Julián Devis Echandía, donde estuvo ocho años. En 1968 laboró en Diario del Caribe, donde permaneció los siguientes ocho años. A partir de 1976 se desempeñó como columnista del periódico El Heraldo. Aún a más de sus 100 años (2020) siguió desempeñándose en este importante medio gozando del aprecio de todos y del reconocimiento total del público barranquillero.

El retiro. Desde el 7 de abril (día de Barranquilla) de 1953 transmitió a diario por la radio local el programa "Desfile Deportivo", el cual fundó con Mike Schmulson. Fue transmitido primero por Emisora Atlántico por algunos meses, La Voz de la Patria durante 40 años, 18 años por Uniautónoma Estéreo hasta enero de 2011, y desde entonces por Radio Aeropuerto y Emisoras Unidas. Pero hace poco más de un año dejó de escribir sus columnas. Su poca visión le apartó prácticamente de sus actividades. Porque también dejó de acudir a la emisora para seguir con su famosa emisión Desfile Deportivo. Hoy, con mucha nostalgia, igual que para los miles y miles de sus seguidores,  recordamos lo que alguna vez había dicho: “|Al periodista no lo retiran, se retira”

Padrino de escenarios. De Castro a través de importantes campañas personales consiguió que varios escenarios deportivos fueran bautizado con nombres de atletas o deportistas destacados y que le dieron lustre a la ciudad; por ejemplo, el Estadio de fútbol de la Ciudadela 20 de Julio inaugurado en 1986 recibió el nombre de Estadio Metropolitano Roberto “Flaco” Meléndez; el estadio de baloncesto por su insistencia se bautizó Estadio Elías Chegwin; el de beisbol inaugurado para los Centroamericano y del Caribe en 1946 lo bautizó Tomás Arrieta; el velódromo construido para los Juegos Nacional de 1992 se bautizó Rafael Vásquez; el coliseo cubierto Humberto Perea y el estadio Municipal Romelio Martínez.

Reconocido hace 4 años como por Organizaciones periodísticas internacionales como el más longevo en actividad

Es dueño de un vocabulario exquisitamente picaresco en el tratamiento de sus temas y aunque de lenguaje sencillo y claro, utiliza un léxico con palabras de su inventiva que a fuerza de repetir se volvieron populares en sus miles de lectores y oyentes. Palabras y frases como “Et pa plus” “bambinazo” (home run), “jeme a jeme”, “la friolera”, pregunta pringamocera”, “never come back”, “mondis  miqui  joping yegua” entre otras se hicieron celebres y pertenecen ya al dominio del público caribeño,

Cuando lo entrevistamos hace dos años, en un trabajo periodístico y biográfico, que esperamos pronto publicar, nos decía con una breve sonrisa “he reflexionado. No me voy a retirar del periodismo. Sueño con morir ejerciendo el periodismo. Morir escribiendo en mi vieja máquina Underwood, que me regaló Juan B. Fernández Renowitzky o en el micrófono haciendo mi programa “Desfile Deportivo”. El periodista no se retira, lo retiran”. Y a su respetable edad, nos imaginamos que no haya quien cometa la torpeza de ‘retirar a Don Chelo De Castro’ de un periódico o de una emisora.

Homenaje del Congreso. El viernes 5 de julio del año 1996, el maestro Chelo De Castro quien acababa de cumplir 50 años de ejercicio periodístico fue homenajeado en Barranquilla por el Congreso de la República.  El acto celebrado en el Salón Galapa del Hotel Royal, fue organizado por los senadores del partido Voluntad Popular Fuad Char Abdala, Eugenio Díaz y Adolfo Gómez Padilla. La Orden en el grado Cruz de Caballerose la otorgó del Congreso de la República. En el 2017, a sus 97 años de edad, Chelo de Castro, la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), la entidad mundial especializada, lo reconoció como el periodista activo con más edad en todo el planeta. Gabriel Cazenave ( paraguayo) y Acord Atlántico (Estewil Quesada) lo exaltaron como ejemplo vivo del periodismo.

Testigos del tac tac tac...En la sala de redacción de El Heraldo donde compartimos muchos años con don Chelo, fuimos testigos de su cotidianidad llegada tempranera, su cordial saludo y de su sentada en el puesto casi que intocable que le correspondía. Cómodamente y en el silencio mañanero, él, imperturbable dejaba escuchar el sonido fuerte de las teclas golpeando el papel que cargaba siempre bajo su brazo. Sus cuartillas no eran tamaño carta; sus cuartillas eran de un papel rollo de los utilizados para los teletipos de entonces. Tenía la medida precisa de las líneas que debía escribir en cada columna. En algunas contadas ocasione en que sus notas pasaban el límite y eran “mutiladas” (editadas), Chelo sin pena alguna llegaba echando chispa y en voz altisonante dejaba ver su contrariedad.

Con los periodistas deportivos de distintas generaciones.

Más de 3 mil columnas. No tiene la cuenta exacta de las columnas que ha publicado desde que escribe. Pero cree que la cuenta debe estar por encima de las tres mil. En El Heraldo es donde más ha perdurado. Aunque sostiene que para él todas tienen su valor, algunas personas prefieren recordarle las que comenta sobre boxeadores y beisbolista; los hay también quienes prefieren las Acuarelas Costumbristas porque rememoran tiempos pasados de una Barranquilla apacible y progresista que hoy a él mismo lo llenan de nostalgia. “Todas mis columnas han sido como mis hijos a todas las he querido, aunque las hay, que me han merecido mayores o mejores comentarios”.

Enemigo de los programas radiales kilométricos-como el los llamaba-Chelo de Castro se granjeó por mucho tiempo la enemistad de colegas que le endilgaban cualquier cantidad de epítetos. Famosas fueron las discusiones radiales y los dimes y diretes que mantuvo con reconocidos locutores y periodistas como Edgar Perea, Fabio Poveda y Efraín Peñate entre otros.

Esposo y padre consagrado. Son 74 años los que lleva de casado Chelo con doña Judith Vásquez, unión que ramificó en siete hijos. Toda una vida consagrada en familia. Así lo expresa con orgullo la señora Judith quien en medio de sonrisas complacientes acepta que en las buenas en y las malas siempre ha existido entre ellos un alto sentido de comprensión. “Chelo-afirma ella- ha sido un consagrado no solo en el periodismo sino también como esposo y padre. Nuestra unión ha estado basada siempre en la comprensión y la comunicación que hemos tenido a lo largo de nuestras vidas. Puedo decir, sin disimularlo “soy una mujer supremamente orgullosa de mi esposo”.

Este sábado 19 de marzo, día del patrono San José, al arribar a su onomástico 102 rodeado de la alegría de su esposa y sus siete hijos, todos en Barranquilla, el maestro Chelo podrá afirmar sin duda alguna y como nos lo dijo alguna vez: “Mi mayor felicidad es poder compartir todavía con mi gente. Agradezco a Dios por tenerme aquí haciendo parte de la maravillosa naturaleza”.

Estampa del maestro Chelo con su inmancable máquina Underwood

Ese es él, el maestro Chelo De Castro, el único con su estilo, quizás el último de los “mohicanos” del periodismo deportivo de Barranquilla. El mismo que afianza su sentencia cuando dice que se enamoró tanto de este oficio que se olvidó por completo de otra cosa que no fuera la de convertirse en el periodista. El mismo que afirma que si volviera a nacer, volvería a ser periodista.

Entonces, seguramente y en medio de la nostalgia que embarga a sus innumerables lectores que por más de setenta años han devorado sus columnas, y de sus miles de oyentes de su programa radial, seguirán escuchado todas las mañanas aquel estribillo anunciando... “Desde Barranquilla, cuna del deporte...Y aquellas “palabrejas”

Bicoca ¡Jeme a Jeme…    Cabrillero...      Verdulero…  “Cógeme  ese  trompito en la uña…

         Tete a tete...   Friolera… Bambinazo…  Never come back …  ¡Mondis miquis  jopin yegua!

                                                                         y….

                                                         ¡Et pa plu...!