Las relaciones de amistad entre niñas, niños y adolescentes en la era de las redes sociales
La psicóloga Liz Jimenez, explicó que el uso excesivo de pantallas puede afectar “el desarrollo de habilidades” como la empatía, resolución de conflictos y la regulación emocional.
Las redes sociales y las plataformas digitales han transformado la manera en que los seres humanos construyen y sostienen sus lazos afectivos. Aunque son unas herramientas positivas porque hacen posible conversar con alguien que está a miles de kilómetros de distancia, también suponen riesgos en lo que respecta al relacionamiento de manera presencial.
Ante este panorama, la psicóloga con énfasis en el área clínica y maestrante en Psicología Clínica y de la Salud, Liz Jiménez, explicó cómo la era digital impacta la amistad, el desarrollo social y la salud mental principalmente en niños, adolescentes y jóvenes.
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"En esta era digital hay una paradoja importante: aunque las redes sociales nos permiten crear y mantener vínculos a distancia, también nos separan de quienes tenemos a nuestro lado cuando la conexión digital empieza a reemplazar la presencia y el encuentro real", señaló la especialista.
Pese a que algunas de las amistades que nacieron en la virtualidad –principalmente después de pandemia- brindan espacios de escucha y acompañamiento, sigue latente la necesidad de tener contacto real, presencial y cercano.
De acuerdo con la psicóloga, existen tres diferencias clave en la creación de vínculos tales como: la presencia y el contacto físico que “se nutre de abrazos, gestos y lenguaje corporal” y permiten comprender al otro de manera integral. Además, la lectura del lenguaje no verbal que a través de una pantalla “resulta complejo descifrar” la autenticidad de las emociones o expresiones faciales.
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La tercera es el sentido de pertenencia ya que –según la especialista- aunque lo digital “supera las barreras geográficas”, la falta de vivencias compartidas en el mundo real “puede dejar vacíos emocionales”.
"Una amistad netamente digital no siempre logra satisfacer todas nuestras necesidades emocionales, porque los seres humanos necesitamos protección, seguridad, pertenencia y cercanía. Lo digital no reemplaza la amistad presencial; es una herramienta para complementar el vínculo, pero no sustituye la vida cara a cara", explicó Jiménez.

Miedo a ser vulnerado y señales de alerta
Uno de los aspectos “más críticos” en los adolescentes y jóvenes –aseguró la experta- es el control que ejercen “sobre la imagen que proyectan en plataformas digitales” y que se convierten “en un filtro” que no permite mostrar su vulnerabilidad ni “enfrentar situaciones incómodas”.
"Detrás de una pantalla podemos evitar conversaciones difíciles, ocultar lo que sentimos y mostrar solo una apariencia superficial. Estar en un vínculo real implica aprender a tolerar la vulnerabilidad ante el otro y expresarnos tal cual somos, aunque exista el riesgo del rechazo", advirtió Jiménez.
En el caso de los niños, niñas y adolescentes, el uso excesivo de pantallas e interacción digital puede tener repercusiones “en el desarrollo de habilidades” como la empatía, resolución de conflictos y la regulación emocional.
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“La corteza prefrontal del cerebro encargada de la toma de decisiones y el control conductual continúa madurando hasta los 25 años aproximadamente, y la sobreexposición a pantallas inhibe su adecuado desarrollo”, mencionó.
Entre las principales señales de alerta que planteó la experta -tanto para padres como para cuidadores- están la “necesidad constante de conexión y ansiedad al estar lejos de los dispositivos”. Además, podría presentar irritabilidad, cambios drásticos de ánimo, baja autoestima, dependencia de la validación externa, aislamiento social y desinterés por actividades o juegos al aire libre.

¿Cómo cultiva cultivar amistades sólidas?
Para minimizar los efectos que el uso excesivo de estos dispositivos y plataformas digitales pueden tener en la población infantil, y en su lugar fortalecer las relaciones genuinas, Liz Jiménez propuso priorizar en “pilares esenciales del afecto” y la “responsabilidad relacional”.
Entre esos se destacó fomentar la presencia física creando espacios para compartir actividades cotidianas, cultivar la conexión emocional y la escucha, estar disponibles para el otro, incluso desde el silencio y sin juzgar; ser recíproco y tener responsabilidad afectiva.
"La era digital no está mal, pero es necesario usarla con responsabilidad y ser coherentes con las necesidades emocionales de cada etapa de la vida", concluyó la especialista.
Finalmente, señaló la necesidad de “establecer límites conscientes en el hogar” y atender las recomendaciones que dan las instituciones especialistas en salud tales como evitar el uso de pantallas en los primeros dos años de vida y limitar los tiempos en la infancia, y en su lugar, promover el juego libre y la creatividad.