Whiskey on the rocks con agua de fracking
Carta desde París
Quiero saludar afectuosamente a todos los lectores de Zona Cero. Con la intención de volver a escribir en este medio, aunque sea esporádicamente y después de una larga ausencia, puesto que estaba empeñado en terminar un ensayo en economía política —ahora concluido, faltando solamente las últimas preparaciones para editarlo— y que a propósito en su último capítulo explora el tema de la democracia informativa.
Comenzaré con una constatación: es difícil pretender que un medio de comunicación privado o estatal no tenga una orientación ideológica. “No hay hechos, sino interpretaciones”, escribió Nietzsche, aunque no lo publicó en vida. Lo que sí es loable para una práctica democrática informativa es que el medio que fuere, de una parte, se afirme clara y transparentemente en su inclinación ideológica, y de otra, permita en su espacio editorial o de opiniones juicios diversos y contrarios. Este portal lo ha hecho. Es así como, durante un periodo, escribieron al mismo tiempo el recordado historiador Milton Zambrano (QEPD) y el hoy candidato aupado en el extremo de la extrema derecha, Abelardo De la Espriella.
El candidato bromea como ustedes saben con sevicias con los gatos, lo que no sé es si por aquellos tiempos a los que me refiero, el candidato ya salivaba con la tenebrosa intención de destripar a la izquierda. Lo cierto es que por esa época yo publicaba en este mismo portal alabando las ventajas de una democracia directa, horizontal y rotativa por encima de la democracia representativa. Esa simpatía por una democracia ampliada me anotó, sin que mi abuela me lo mandara, en la "cochada" —como se dice en el Caribe— de los potenciales destripados. Porque, en efecto, defender una democracia más allá del turno electoral coloca a cualquiera no solo en la izquierda, sino que lo desborda aún más a la izquierda.
El país está altamente polarizado, no porque unos y otros azucen y profundicen sus divergencias políticas, sino porque la información —o desinformación— circula con más eficiencia. Pero cuando esa polarización deriva en retórica de exterminio, la cosa cambia de registro. Podemos fingir que las declaraciones de odio de De la Espriella son anecdóticas o para darle un matiz varonil y picante a la campaña. No seríamos los primeros en subestimar el peligro. Con palabras similares se preparó documentadamente el genocidio de la etnia tutsi perpetrado por el gobierno hutu en Rwanda, que costó alrededor de 800.000 víctimas en apenas 100 días. Sin ir muy lejos en espacio y tiempo, en Colombia esa retórica antecedió el asesinato de casi todo el partido de la Unión Patriótica. La JEP contabilizó 5.733 militantes y simpatizantes asesinados entre 1984 y 2016.
Y esa indiferencia por la vida, señores, no se limita a los tuits y declaraciones públicas. También tiene un plan programático con nombre propio: el fracking. Abelardo De la Espriella ha anunciado que una de sus primeras medidas será revertir la política anti-petróleo y permitir los proyectos piloto de fracturación hidráulica.
Antes de seguir, refresquemos algunos datos: Colombia es el sexto país con más recursos de agua dulce del mundo (alrededor del 4-5% del total global), y las zonas de la Orinoquia y los Andes abastecen cerca del 70% de la población colombiana. En fracking, un solo pozo puede consumir entre 15 y 44 millones de litros de agua, una cantidad comparable al consumo de una pequeña ciudad, y esa inyección debe repetirse cada 3 a 6 años.
Aunque los aditivos químicos representan menos del 2% del volumen total de los fluidos de fracturación, entre ellos se encuentran compuestos de elevada toxicidad: benceno, formaldehído, glutaraldehído, metanol, tolueno y etilenglicol. Diversos estudios señalan que estas sustancias presentan propiedades cancerígenas, neurotóxicas, mutagénicas o disruptores endocrinos. A ello se suma la movilización de metales pesados y radionúclidos presentes naturalmente en las formaciones geológicas profundas. La evidencia epidemiológica documenta asociaciones consistentes con parto prematuro, bajo peso al nacer, defectos congénitos, asma infantil, leucemia y mortalidad prematura (1).
Además, dependiendo del tipo de suelo, entre el 12% y el 50% del líquido inyectado no remonta a la superficie y queda en el subsuelo, con alta probabilidad de migrar hacia acuíferos, manantiales, arroyos, lagos y ríos. Un aspecto crítico: el comportamiento del agua subterránea es muy diferente en terrenos planos que en superficies montañosas. En zonas montañosas, la contaminación puede viajar "rápidamente" —en menos de un año— hacia terrenos cercanos o distantes (2). Los fluidos tóxicos no solo contaminarían las cuencas hidrográficas, sino rio abajo hasta sus desembocaduras y sus alrededores marítimos y no hay estudios del impacto en la cadena alimenticia de los peces marinos, como si lo hay por ejemplo con el atún, donde revelan que 100% del atún en el mercado contiene mercurio, un potente neurotóxico.
No abundaré aquí sobre los riesgos sísmicos —ya documentados en zonas donde se practica el fracking y que en Colombia se sumarían a una actividad sísmica regular— ni sobre la polución del aire por metano, un gas 80 veces más activo que el CO₂ en el calentamiento global.
Lo que sí quiero dejar claro es esto: el fracking pondría a la gran mayoría de colombianos en alto riesgo. Y esa clase media que según las encuestas votó mayoritariamente por Abelardo, junto con los trabajadores y los campesinos, serán los más expuestos. Porque tal vez los que tienen suficientes recursos económicos puedan vivir en otros países. El candidato pro-fracking, por ejemplo, podrá degustar tranquilamente un whiskey on the rocks no contaminado en Italia, donde el fracking está prohibido.
P.S. Para los colombianos que deseen instalarse en Europa hay que señalarles que la extrema derecha xenófoba gana cada vez más terreno y no ven con agrado que extranjeros se radiquen en sus suelos, ya sean ricos o pobres.
📚 Referencias
(1) Currie, J., Greenstone, M., & Meckel, K. (2017). Hydraulic fracturing and infant health: New evidence from Pennsylvania. Science Advances, 3(12), e1603021. También el scoping review de 2024 en Heliyon.
(2) EPA (Environmental Protection Agency). (2016). Hydraulic Fracturing for Oil and Gas: Impacts from the Hydraulic Fracturing Water Cycle on Drinking Water Resources. EPA/600/R-16/236F. Disponible en: https://cfpub.epa.gov/ncea/hfstudy/recordisplay.cfm?deid=332990. Además, estudio hidrológico de la Universidad de Pensilvania sobre migración de contaminantes en zonas montañosas.