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Así siento HOY (no sé si mañana) el ser mujer

Teniendo en mente la coyuntura del 8M y, en general los temas de mujer que son abordados constantemente, me abre un espacio ideal para hablar de un tópico que me toca la fibra y me tiene rumiando hace semanas: La mujer y sus luchas.

Soy fuerte, todas las mujeres lo somos, pero es agotador tener que demostrar, en casi todos los espacios y momentos de la vida, que somos merecedoras de ese poder que nos corresponde por ser y existir.

Y es que para mí esa lucha es y no es, en algunos casos. Tengo ideas y sentimientos contrarios en este tema. Llámese feminismo, empoderamiento, visión feminista y, claramente teniendo en cuenta el rol de los hombres; desde donde se le mire, se hacen muy palpables todas las aristas que tiene esta temática y que confluyen en una realidad. Para la mujer, existir en la historia es una lucha constante. Eso representa en mí un oxímoron de pensamientos y sentimientos.

En la historia de la mujer veo repetidamente los verbos visibilizar, empoderar (que me cae gordo), demostrar, resistir, evidenciar, comparar, pelear, alzar, recuperar, sobreponer, marchar, demandar y muchos otros verbos siempre relacionados con el uso de una fuerza, una lucha… Agotador, ¿verdad?

Así veo la sororidad, puro arte. Obra del artista Ronald Hernández.Así veo la sororidad, puro arte. Obra del artista Ronald Hernández.Suministrada

Para que sea plena la existencia, pareciera que toca pelear. Es un despropósito y una paradoja, porque entonces ser y sentirse mujer no es suficiente. ¿No es suficiente? ¿Suficiente para qué? Ni idea… Solo no lo somos “por default”.

Empecé a sobrepensar el tema porque sentía que era difícil no abordarlo desde ese sentimiento “natural” de pelea, y eso me llevaba a cuestionarme; además, sentía algo de prevención. En mí, hoy, no está sonar extremista y polarizada; es complejo, porque esa necesidad de demostrarnos mejores y merecedoras, a veces, permea lo que sentimos, lo que pensamos y lo que sabemos que sabemos. Es como ser dos en una… y no saber quién elegir ser.

Hace un tiempo me pregunto: ¿Somos fuertes porque nos toca? o simplemente somos fuertes. ¿Somos sororas para protegernos, o porque es nuestra naturaleza? A veces es necesario luchar y la disposición está, pero no debería ser una constante. No deberíamos tener que ser fuertes para lograrlo todo. Ahora, reconozco que lograr cosas y cumplir metas siendo mujer, se siente doblemente dulce y doblemente bien… Bueeeeno, soy fuerte… no perfecta.

Aclaro: “soy feminista, pero no anti-hombres”, como expresó Isabella Santo Domingo en el Foro de la Mujer realizado en Barranquilla el pasado 7 de marzo. También soy anti-no querer aprender mejores maneras de abordar la igualdad. No hay que estar en contra de algunos para estar en pro de otros y para querer trabajar por un fin de equidad.

Me identifico con esa definición de feminismo en la que el objetivo es transformar los pensamientos, relaciones y conceptos sociales, sin destruir. Sueño con ver a más mujeres visibilizadas sin que tengan que dejar sangre, sudor y lágrimas en el camino.

¿Qué puedo hacer yo en un mundo donde los derechos se ganan, aunque se supone que ya los tenemos?

Pues… escribir una columna, hablar de temas incómodos, estudiar la historia, informarme y visibilizar cómo se siente esta lucha, mi lucha; y, esto puede ser impopular. No es culpar a los hombres, para mí esto de reivindicar el “ser mujer“ es acerca de nutrir, alimentar, enseñar, crear y amar; como perfectamente podría también ser así el “ser hombre”.

Soy mujer, soy artista, soy política(mente in.correcta)… y con esos poderes quiero aportar a resignificar el rol activo de la mujer en la sociedad, desde mi pasión, mi interés y mis palabras y así visibilizar a otras mujeres de mi entorno. Supongo que estar en política me sirve para eso.

Reacciono no muy bien y de manera automática a frases como: las mujeres deben, hacen, tienen que, son de una manera o de otra; todo esto, basado en una generalización cultural muy arraigada, unos supuestos roles para cumplir en la sociedad. Pero, ¿quién definió esos roles? ¿de dónde vienen? y ¿por qué cumplirlos? Esto solo prolonga el no entendimiento de lo que las mujeres realmente quieren, necesitan o defienden.

En conclusión, se necesita despertar, volver a pensar en personas y no en géneros, en capacidades y no en fisonomías, en pensamientos y no en estereotipos: des-aprender para aprender.

Y aquí termino, por ahora, este reguero de pensamientos sobre un tema del que tengo derecho a divagar, a replantearme y a cambiar de opinión cuantas veces considere mi cabeza y corazón hacerlo (sí, tan solo por ser mujer)… así como la historia de esta lucha cambia y  transforma tanto a mujeres como a hombres cada día, por igual.