Presentación de la nueva edición de la Revista Colombiana del Folclor.
Presentación de la nueva edición de la Revista Colombiana del Folclor.
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La investigación dialoga con la memoria: los 500 años de Santa Marta

En la Sala Madre Margot Dávila se presentó la nueva edición de la Revista Colombiana del Folclor dedicada a conmemorar el aniversario de la ciudad.

Hay escenarios donde la historia parece hablar por sí sola. El Claustro San Juan Nepomuceno, una de las edificaciones patrimoniales más antiguas de Santa Marta, fue uno de ellos. Bajo sus muros centenarios, en la Sala Madre Margot Dávila, se presentó la nueva edición de la Revista Colombiana del Folclor, una publicación del Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, edición dedicada a conmemorar los quinientos años de la ciudad más antigua de Colombia.

El lugar no pudo ser más apropiado. Mientras el país vuelve la mirada hacia el medio milenio de Santa Marta, una revista de circulación nacional propone hacer de esa efeméride algo más que una celebración: convertirla en una oportunidad para pensar la ciudad desde la historia, la investigación, el arte y la memoria colectiva.

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La publicación, dirigida por el sociólogo e historiador Edgar Rey Sinning, reúne los trabajos de veintidós investigadores de diversas disciplinas. Sin embargo, hablar de una revista resulta insuficiente. Sus 331 páginas todo un libro, cuidadosamente editadas e ilustradas por el maestro magdalenense Ángel Almendrales, conforman una verdadera obra editorial donde la palabra y la imagen dialogan de manera permanente. Las pinturas de Almendrales no ilustran simplemente los textos: conversan con ellos, los expanden y los dotan de nuevas lecturas sobre el territorio, el río, el mar, la gente y la memoria del Magdalena.

Las investigaciones reunidas recorren múltiples caminos. La historia regional, la cultura popular, las tradiciones orales, la gastronomía, la música, la danza y el patrimonio encuentran aquí un espacio común de reflexión. Cada artículo constituye una ventana distinta para comprender cómo se ha construido, durante cinco siglos, la identidad samaria y magdalenense.

El docente e investigador Javier Jiménez García y el sociólogo e historiador, Edgar Rey Sinning

El lanzamiento estuvo lejos de ser una ceremonia protocolaria. Se convirtió en un diálogo abierto entre los autores y el público, moderado por Edgar Rey Sinning, quien fue tejiendo una conversación en torno a los principales aportes de cada investigación. Más que presentar un libro, los investigadores compartieron las preguntas, motivaciones, hallazgos y las preocupaciones que los condujeron a escribirlo.

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Entre los autores convocados se encuentran el historiador Joaquín Viloria de la Hoz, quien ha publicado estudios históricos del Caribe colombiano, esta vez lo hace entre historias, leyendas y literatura de la Zona Bananera y Santa Marta; Álvaro Rojano, en esta ocasión profundiza en las músicas y culturas asociadas al río Magdalena; Tony Alberto de la Cruz, dedicado al análisis de las comunidades afrodescendientes del departamento, esta vez explora las narrativas de la cultura marítima y la relación histórica entre el hombre y el mar. El propio Edgar Rey Sinning aporta un sugerente trabajo sobre la cocina tradicional y los sabores que recorren los pueblos del Bajo Magdalena, una investigación que revela cómo la alimentación también constituye un lenguaje de la cultura.

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Aunque diversos en sus enfoques, muchos de los trabajos reunidos dialogan con el pensamiento de Orlando Fals Borda. Durante la presentación, Rey Sinning evocó la vigencia de su obra como una referencia intelectual para comprender el Caribe colombiano. Conceptos como la cultura anfibia y el sentipensar, aplicados a la relación interdisciplinar estética para iluminar las investigaciones que entienden el territorio no solo como un espacio geográfico, sino como una compleja trama de relaciones entre la naturaleza, la memoria, la vida cotidiana y las expresiones culturales.

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La academia cedió entonces el protagonismo a la música.

Cuando la Tambora de Teveo, considerada una de las agrupaciones tradicionales más antiguas de Santa Marta comenzó a sonar, el encuentro adquirió otra dimensión. Ya no eran únicamente los investigadores quienes hablaban de la memoria: era la propia memoria la que tomaba la palabra o más bien el sonido a través del canto y del tambor. Los golpes de la tambora, las voces y los cantos hicieron evidente que el patrimonio no vive únicamente en los archivos o en los libros. Habita también en los sonidos y en la memoria que han acompañado a varias generaciones de samarios y que continúan convocando a las comunidades alrededor de la música.

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En esta edición de la revista se publica igualmente el artículo 'La Tambora Samaria: tradición, sonoridades e identidad', del músico, docente e investigador cultural Javier Jiménez García. El estudio demuestra, a partir de fuentes históricas y trabajo etnográfico de investigación, que la tambora samaria documentada supera ya el siglo de existencia, convirtiéndose en una de las expresiones musicales con mayor continuidad histórica en la ciudad.

Tambora de Teveo, considerada una de las agrupaciones tradicionales más antiguas de Santa Marta.

Más allá de establecer una cronología, la investigación propone comprender la tambora como una memoria sonora compartida. Si existe un símbolo idóneo que represente la cultura de la ciudad, es precisamente el de la tambora samaria. Su presencia trasciende lo musical: convoca el encuentro comunitario, activa el baile, despierta los recuerdos y reafirma un sentido de pertenencia que ha logrado atravesar generaciones. Cada interpretación renueva un vínculo entre pasado y presente que difícilmente puede explicarse solo desde la musicología; es también una experiencia cultural profundamente arraigada en la vida cotidiana de los samarios.

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Quizá allí reside el mayor mérito de esta edición de la Revista Colombiana del Folclor. No se limita a registrar el pasado. Lo pone en conversación con el presente y demuestra que la investigación académica puede dialogar con el arte, con la música, con la pintura y con las tradiciones vivas sin perder rigor.

En tiempos en que las conmemoraciones corren el riesgo de agotarse en los discursos oficiales, esta publicación ofrece algo más perdurable: el conocimiento. Un conocimiento construido desde múltiples voces y disciplinas que ayuda a comprender que los quinientos años de Santa Marta no solo pertenecen a la historia; siguen resonando en sus calles, en sus relatos, en sus sabores, en las pinceladas de Ángel Almendrales y, sobre todo, en el inconfundible sonido de una tambora que, más de un siglo después, continúa marcando el pulso de la memoria samaria.

Por Javier Jiménez García

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