Atlas Intel tenía razón
Mientras el desgaste del Gobierno abría una oportunidad para la oposición, el Centro Democrático optó por una candidatura con menor visibilidad pública.
Por: Lina María Peña Peña
En política hay dos formas de tomar decisiones: con base en los datos o con base en los deseos. Los datos describen la realidad, LOS deseos intentan reemplazarla. El problema aparece cuando una organización política termina creyendo más en sus preferencias que en la evidencia que tiene frente a sus ojos.
Por eso, Centro Democrático perdió la Presidencia. Mucho antes de que se contaran los votos y la perdió cuando decidió ignorar a María Fernanda Cabal, apartar la firma Atlas Intel que mostraba su fortaleza y sustituir la realidad por una decisión errática.

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Durante meses, Atlas Intel fue objeto de cuestionamientos porque mostraba una realidad incómoda para quienes ya habían decidido quién debía ser la candidata presidencial del Centro Democrático.
Hoy, después de los resultados electorales, vale la pena preguntarse si lo que se intentó desacreditar era la encuesta o la realidad que la encuesta estaba revelando.
La credibilidad de Atlas Intel no proviene de afinidades ideológicas ni de simpatías políticas. Proviene del asertividad en los resultados, fue una de las pocas firmas que ubicó a Abelardo De la Espriella por encima de Iván Cepeda, cuando buena parte de las mediciones y análisis apuntaban hacia escenarios distintos.
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Así ocurrió con las elecciones en Estados Unidos en donde daban como ganador a Donald Trump, o en Argentina a Javier Millei. Colombia no escapo a su sondeo y el tiempo terminó validando esa lectura.
Aquí surge una pregunta irrefutable ¿Por qué se negaban a la realidad de los resultados, en donde María Fernanda Cabal tenía la delantera en imagen de favorabilidad?
Veamos los números : en marzo de 2025, Cabal registraba una imagen positiva de 36 % y apenas un 19 % de ciudadanos que respondían "no sabe". Dicho de otra forma: más del 80 % del país sabía quién era María Fernanda Cabal.
En julio mantenía 36 % de favorabilidad y apenas 16 % de desconocimiento. En octubre seguía registrando 34 % de imagen positiva y solo un 20 % de ciudadanos sin opinión formada sobre ella.
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Paloma Valencia, por el contrario, ni siquiera aparecía en las mediciones de líderes políticos realizadas por Atlas Intel. Su nivel de reconocimiento era tan bajo que no alcanzaba el umbral necesario para ser incluida en los estudios. No tenía medición positiva, negativa ni regular. Simplemente no existía para buena parte de la opinión pública nacional.
Y en la elección presidencial existe una verdad de a puño: es imposible ganar una elección de nivel nacional cuando el país ni siquiera sabe quién es el candidato.
La diferencia tampoco era menor dentro del propio partido.
María Fernanda Cabal fue la senadora más votada del Centro Democrático con más de 207.000 votos. Paloma Valencia apenas superó los 60.000 votos. Cabal tenía estructura territorial, liderazgo interno, reconocimiento nacional y una conexión evidente con la base tradicional del partido. Había recorrido el país durante años construyendo una candidatura.
Sin embargo, el partido decidió ignorar esa realidad y procedió a avalar las difamaciones de Miguel Uribe Londoño, lo que trajo como resultado la exclusión de Cabal como la candidata oficial del partido.
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Todo esto ocurría mientras el gobierno Petro enfrentaba niveles históricos de desgaste. Atlas Intel registraba desaprobaciones del 61 % en marzo de 2025, 63,3 % en junio, 65,6 % en julio y 58,7 % en octubre. El escenario era ideal para una oposición fuerte, cohesionada y claramente identificada con el sentimiento de cambio que recorría al país.
Sin embargo, el Centro Democrático tomó otro camino. La derrota de Paloma Valencia no fue un accidente electoral. Fue la consecuencia de ignorar los datos, ignorar la realidad territorial e ignorar a la dirigente que, según todas las señales disponibles, tenía mayores posibilidades de competir con éxito en una elección presidencial.