Los juegos Centroamericanos y del Caribe van a representar un antes y un después en estas justas, y todo lo que las constituye, desde su imagen hasta los escenarios donde se realizarán las pruebas, sorprenderán a locales y visitantes.
Un elemento, no menor, de estos juegos es su anfitrión. Él va a preparar a toda la ciudad para el gran evento y va a acompañar a grandes y chicos durante los X días con toda la energía que caracteriza a su especie.
Nuestro anfitrión no es una mascota, es un barranquillero más. Alegre, divertido y con un saludo particular que se oye a kilómetros. Como el resto de su especie, representa un animal que tiene su hogar en nuestras tierras, que vive en comunidad como nosotros y que es todo un atleta de los bosques. Salta, corre y se mueve con una agilidad tan increíble, que no tiene nada que envidiarle a los atletas que va a convidar en Barranquilla, su casa.
Pero además de ser el anfitrión de estos juegos, es vocero del peligro inminente sobre su especie, amenazada por la tala de los bosques donde vive y su comercialización como mascotas. Por eso, él no es la mascota de los Juegos, es su anfitrión.