El puto mundo y un psicópata americano
Análisis sobre el ataque de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro.
Por Antonio Silvera Arenas
Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.
J. L. Borges
La actual circunstancia del mundo es lamentable, triste e indignante, pero, sobre todo, causa mucha decepción. No precisamente por el psicópata americano que lo gobierna, jamás imaginado por las mentes más osadas de los autores de su nación. (Ni Melville, con su descomunal ballena blanca, ni Poe con los desquiciados que se obsesionan por los ojos de los gatos o los hermosos dientes de una mujer ni Lovecraft y sus monstruos de un mundo paralelo al nuestro ni King con sus nieblas devoradoras de todo lo posible presagiaron al megalómano que hoy pretende desplegar la bandera de su país, donde ya ni siquiera caben todas las estrellas del universo, en el más mínimo cayo de los siete mares).
Pero no es el psicópata que hoy ocupa los espacios condescendientes de todos las páginas y pantallas de la tierra quien me anonada tanto, sino los espectadores de sus descabelladas acciones. Qué decepcionante la reacción del puto mundo (jamás este epíteto fue tan adecuado) a sus infamias.
Sí:
El máximo representante de la iglesia católica, después de avocar al “bien del amado pueblo venezolano”, terminó limitándose a rezar, pidiendo el milagro intercesor de san Gregorio Hernández, pero sin mover un dedo ni referirse al obvio abuso del dios Trump, que a través del cielo envió angelitos para abducir en cuerpo y alma a quien considera no un dictador (nunca lo ha dicho) sino el guardián del petróleo que dice le robaron, dado que todo el subsuelo de la tierra hace parte de su dominio omnipotente.
Por su parte, el presidente de Francia, la otrora defensora de la igualdad, libertad y fraternidad, ha lanzado una frase nunca soñada por el irónico Voltaire, ni por el melancólico Rousseau y menos por Robespierre, el más radical de la causa revolucionaria: “El pueblo venezolano está hoy liberado de la dictadura de Nicolás Maduro y no puede sino celebrarlo”.
La Unión Europea, a través de su vocera Úrsula von der Leyen, se ha limitado a decir que “Seguimos muy de cerca la situación en Venezuela. Respaldamos al pueblo venezolano y apoyamos una transición pacífica y democrática. Cualquier solución debe respetar el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”. Una cercanía parecida -panorámica, cómoda y muy lejana- ha manifestado el presidente español, acaso añorando sus vieja colonias.
Pero ni siquiera los rivales reales del dios Trump, los que podrían hacer un mínimo contrapeso, han hecho algo distinto a rechazar de simple palabra el hecho contundente. Los gobiernos de Rusia y China, de manera respectiva, se han limitado ha decir que están “extremadamente preocupados” (¿qué más se puede esperar de los atormentados descendientes de Raskólnikov?) y “profundamente conmovidos” por la situación, como si una inesperada onda hubiera atravesado el quietísimo estanque de los lotos en torno al cual laboran insomnes sus diligentes ciudadanos de ojos rasgados y apacibles.
Más lamentable todavía es la situación de los gobiernos vecinos de Venezuela, divididos entre quienes aplauden a rabiar (no merecen siquiera una mención), sin los paliativos de las otros supuestos gobiernos poderosos del mundo, las acostumbradas acometidas del viejo tío; y los que insisten en buscar nuevos horizontes, estos últimos cada vez más arrinconados y solos. En medio de todos ellos, como un Quijote terco que bien sabe que los gigantes suelen disfrazarse de molinos de viento, es cada vez más notable y digna la figura del presidente Gustavo Petro. Contra todas las noticias sesgadas, que le ponen todos los peros a su gestión desde sus inicios y que hoy en día francamente asquean, es el único que se ha parado de frente ante el fanfarrón del Norte, sin los ambages y genuflexiones de nuestra intelectualidad periodística.
Leo, en efecto, las pretendidas noticias objetivas del único diario nacional que me despierta un cierto respeto. Cada una de sus informaciones sobre la actualidad nacional confirma las dudas que siempre tuve frente a los acontecimientos que han ocurrido no solo aquí y ahora, sino particularmente en Venezuela desde los últimos 25 años. Así ocurre en sus titulares e inmediatos encabezados dirigidos con frecuencia a menospreciar las afirmaciones del presidente, como estos, referidos a una reciente alocución (El Espectador: 5 de enero de 2026 a las 12:18 pm): “Incautaciones históricas y control de la coca”: la respuesta de Petro tras amenaza de Trump / Ante la reciente advertencia del presidente de Estados Unidos sobre una posible operación militar a Colombia, su homólogo colombiano, Gustavo Petro, se refirió en un mensaje a cifras y acciones en su lucha contra las drogas. Sin embargo, hay luces y sombras.
En cambio, ni en el encabezado ni en el cuerpo de otra noticia divulgada en las horas de la noche del día anterior por este mismo medio, a pesar de tener todas las sombras y ninguna luz, el mentado diario objetó en absoluto las infames acusaciones del plutócrata megalómano que gobierna el mundo:
“No durará mucho tiempo”: Trump lanza advertencia directa contra Gustavo Petro / Donald Trump acusa a Gustavo Petro de narcotráfico, amenaza con una intervención militar en Colombia y afirma que Cuba “está a punto de caer” en medio de tensiones regionales. (El Espectador: 04 de enero de 2026 - 08:27 p. m).
De la misma manera, en la respuesta de Petro a la acusación infame de ser un narcotraficante enfermo, El espectador sí mitigó la contundente y justa respuesta del presidente de Colombia, insinuando que es un necio por responderlas como es debido.
Todas estas manifestaciones de los grandes gobiernos del mundo, que emulan las impecables manos de Pilatos, así como las pretenciosas noticias objetivas que circulan en la prensa nacional y mundial son secundadas por opinadores de todas las calañas, que, con su pretendida imparcialidad, justifican la maniobra criminal y descarada (ya hoy se sabe, por ejemplo, que el tal Cartel de los soles es una farsa) amparados en la supuesta dictadura de Maduro, y a la postre benefician y terminan bendiciendo las ínfulas y el abuso del soberano mundial.
Antonio Silvera Arenas
(Barranquilla, Colombia, 1965)
Poeta, docente e investigador literario. Estudió literatura y es magíster en Literatura Hispanoamericana y del Caribe. Autor de los poemarios: Mi sombra no es para mí (1990), Edad de hierro / Mi sombra no es para mí (1998), Cuesta trabajo (2006), El fantasma de la alondra (2011), Bocas de ceniza y otros poemas (2016), Abecedario (2017), Universos (2019) y También por el río llegaron (2025), trabajo con el que obtuvo la Beca de Poesía Meira Delmar del portafolio de estímulos de Barranquilla.
En 1993 participó como becario en el Foro Joven, Encuentro de Escritores Iberoamericanos Menores de 30 años realizado en Málaga (España). Sus poemas se han publicado en antologías de la poesía colombiana y en revistas nacionales e internacionales. También fue distinguido con el premio Mejor Director de Taller de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa-RELATA en 2009, por su trabajo al frente del Taller Literario “José Félix Fuenmayor”, que fundó y dirige desde el 2006.
En 2012, una selección de sus poemas fue traducida al portugués en la antología Um país que sonha y obtuvo una beca mediante la que realizó una lectura de su poesía en Lisboa (Portugal) y en 2023, obtuvo el premio nacional de poesía RELATA con el conjunto de poemas “Siete asedios a Troya”.