Identidad y reparación: el legado de la cultura afro ante las sombras del racismo estructural
Esta población tuvo un avance importante hacia la justicia restaurativa con la nueva declaración de la ONU sobre la esclavitud.
La música, estética y los saberes afro han sido clave en la construcción de la sociedad. Y es que después de años de lucha para que lo “negro” deje de ser considerado como algo “malo o indigno”, cada vez son más las personas que se identifican con las características propias de esta comunidad —históricamente marginada—, pero que sigue trabajando para lograr una reparación histórica integral.
En el caso de Barranquilla, su influencia cultural no se ha quedado solo en los barrios o sectores donde vive la mayoría de los afropalenqueros, sino que se ha expandido a escenarios artísticos, académicos, ferias gastronómicas y de artesanías, contribuyendo a la visibilización de su cosmovisión, identidad y arraigo cultural.
Es tanto el interés para preservar las tradiciones del territorio, que el Lumbalú —ritual fúnebre que se realiza en San Basilio de Palenque para limpiar el encuentro del ser querido con los ancestros, con agradecimiento y jolgorio—, en algunas ocasiones se ha trasladado a la ciudad.

Quienes dirigen este ritual son Las Alegres Ambulancias, agrupación palenquera liderada por Tomás Teherán y Emelia Reyes, “La Burgo”, hijos de Graciela Salgado Valdéz, tamborera y abanderada de la tradición del Lumbalú, quienes durante 9 noches acompañan el tránsito del difunto hacia la eternidad entre cantos, tambores y palabra.
“Nosotros en Palenque cuando le cantamos a los que se van para el más allá, lo hacemos para que esas personas descansen, para que su espíritu no quede vagando y se unan con nuestros ancestros que se fueron antes”, contó Emilia Reyes.

El Lumbalú profundo tiene características específicas tales como: la participación de las ancianas del Cabildo Lumbalú, los instrumentos que lo acompañan son el tambor alegre, tambor pechiche, llamador, maracas y cantos especiales en lengua palenquera, y la vestimenta es especial.
Cantos como “Chimankongo”, “Zambamgolé”, “Zamitolo ké”, entre otros, son los que se entonan durante este ritual y su significado es una petición de acompañamiento a los antepasados para el espíritu del difunto.
“La traducción de estas letras generalmente es: te enviamos a este hijo de nosotros, dale paso a que se reencuentre con los palenqueros que se fueron antes que él, no permitas que su alma se quede vagando. Lo despedimos con música, con alegría. Dale paso, señor”, explicó a Zona Cero, Tomás Teherán “Batata”.
La estética afro y el racismo
Aunque los avances en los procesos de reparación, reivindicación y justicia histórica para los miembros de la comunidad afro en el mundo han aumentado, aún se siguen evidenciándose actos discriminatorios.
Recientemente se presentó un presunto caso de racismo contra la patrullera chocoana, Saray Córdoba Murillo. En un video difundido en redes sociales, se escucha a un superior de la uniformada que le ordena peinarse, porque —según su criterio— no se venía “presentable”.
Para muchas personas de la comunidad afro esta situación evidencia el uso de una posición de poder para “minimizar” y “maltratar” la identidad y estética de una persona afrodescendiente.
🔴 Polémica en la Policía Chocó: capturan a patrullera tras agredir a superior en plena revista porque no tenía su cabello arreglado; quedó en video. 🔽 pic.twitter.com/koYMCpXD3Z
— EL TIEMPO (@ELTIEMPO) March 6, 2026
Estos casos también se han presentado en otros países de Latinoamérica como Panamá, en donde recientemente se aprobó la exigencia de certificación racial a estudiantes con cabello afro de las instituciones educativas, un hecho que es considerado por muchos activistas y defensores de derechos humanos y de la población afrodescendiente como algo “inaudito” y “preocupante”.
Ante este caso, la periodista y experta en temas afro, Edna Liliana Valencia, se pronunció, señalando que el cabello afro “no se corrige ni se prohíbe. Se respeta”.
Valencia hizo hincapié en que este acto en los colegios es discriminación y racismo.
“Lo más triste es cuando una mujer negra se presta para reproducir ese tipo de prácticas y creencias. Nuestros cabellos no son sólo una expresión cultural, son parte de nuestros cuerpos y también son libertad e identidad”, afirmó.
Asimismo, el gestor cultural palenquero, que reside en Barranquilla, Cristian Valdéz, expresó que “aunque en términos generales vamos por buen camino, en Colombia todavía existe el racismo”.
Indicó que es importante seguir manteniendo y mostrando la cultura afropalenquera donde quiera que esté esta población, para disminuir los actos discriminatorios hacia esta comunidad en Colombia y el mundo.

La esclavitud, el crimen más grave contra la humanidad
La Asamblea General de la ONU declaró la trata de esclavos africanos como “el crimen más grande contra la humanidad”, con el fin de abrir caminos hacia la reparación de las comunidades afro en todo el mundo.
La resolución declaró la trata de africanos esclavizados y la esclavización como “cosificada y racializada”.
También destacó el legado de la esclavitud a través de la “persistencia de la discriminación racial y el neocolonialismo” presentes en la sociedad actual.
Ante este hecho, el líder palenquero, Pedro Adán Torres, manifestó que esta declaración, “es una acción afirmativa a todo el daño ocasionado en el proceso de la trata trasatlántica”.
“A nosotros nos arrancaron de África para traernos en condición de esclavitud a las Américas, por eso este acto debe convertirse en una reparación verdadera, que se traduzca en mayor inversión en los territorios donde están los afrocolombianos, raizales y palenqueros”, dijo.

Población afro en Colombia
De acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) del Dane, en la vigencia de 2024, cerca de 3.737.000 personas se autorreconocen como negras, afrodescendientes, palenqueras y raizales en Colombia, lo que corresponde al 7,1% de la población que tiene actualmente el país.
Según el informe, de ese total, cerca 2.363.000 residen en cabeceras municipales y 1.374.000 habitan en sectores rurales dispersos o incluso en centros poblados.
Además, el 51.6% son mujeres (1.928.000) y el 48,4% (1.809.000) corresponde a hombres.
Es importante destacar que la mayor parte de estas personas residen en los departamentos: Valle del Cauca (22,0%), Bolívar (12,8%), Antioquía (12,7%), Nariño (11,7%) y Chocó (11,2%).
La visibilidad de la cultura afrodescendiente no puede limitarse a la fascinación, debe pasar, obligatoriamente, por el reconocimiento de su dignidad política y humana.
Es claro que la reparación verdadera no solo vendrá de los tribunales internacionales, sino del día en que el orgullo de ser afro deje de ser un acto de resistencia para convertirse, simplemente, en un derecho pleno al existir y al habitar todos los espacios de la sociedad.