Los bibliotecarios: vigías del conocimiento desde la inclusión y cultura
Este 23 de abril en Colombia se celebra el Día del Idioma y el Bibliotecario.
Durante 82 años, los pasillos de la Biblioteca Departamental Meira del Mar han sido testigos de cada etapa personal y profesional de Gustavo Taguada, un lector empedernido que hoy es reconocido en este templo del saber como un ‘patrimonio vivo del conocimiento’.
Taguada, quien actualmente tiene 87 años y es originario de Ovejas, Sucre, llegó a Barranquilla en 1944 para estudiar en el Colegio San José, que estaba ubicado al lado de la biblioteca departamental. Desde entonces, la curiosidad y entusiasmo por aprender, lo llevaron a frecuentar este espacio diariamente hasta el día de hoy.
“Los libros se vuelven parte de la intimidad de uno, algo propio. No llevo la cuenta de cuántos libros me he leído, porque no lo considero relevante, porque no es el número de textos sino la calidad en la lectura. Por ejemplo, cuando leo un libro de matemáticas, lo hago de manera profunda, no me quedo con una lectura superficial, yo saco lápiz y papel y desarrollo los ejercicios para entender mejor el proceso”, expresó.

A pesar de que Taguada es economista, egresado de la Universidad del Atlántico, encontró en los libros un refugio que lo convirtió en un bibliotecario empírico y apasionado.
“Algo que hizo que me quedar acá fue la familiaridad de las personas que trabajaban aquí. Yo he estado tanto tiempo en la biblioteca que muchas personas en Barranquilla piensan que trabajo acá, pero no, yo soy un lector más al que le gusta ayudar y orientar a las personas y aún lo hago. La gente pregunta por mí para que los oriente y eso me da mucha satisfacción”, expresó.

En una sociedad que cada día se vuelve más digital, los bibliotecarios – profesionales o experimentales-, se convierten en vigías del conocimiento, esa cara amable que recibe a cada usuario y con seguridad los guía para encontrar el libro perfecto que llene sus expectativas.
Por eso, en el marco del Día del Idioma y los Bibliotecarios -celebrado este 23 de abril-, su labor cobra más relevancia en lo que respecta a la preservación de estos espacios para el desarrollo de las personas.
Diego Monsalve, director de la Biblioteca departamental, aseguró sentirse “orgulloso” de dedicar su vida a este oficio que, más allá de darle alegrías desde el ámbito profesional, le ha permitido ser mejor persona.

“Los bibliotecarios debemos ser personas integrales, con mucha sensibilidad y tacto. Esta profesión se trata de tener la capacidad de gestionar el conocimiento en todas las áreas, usar herramientas para identificar las palabras clave en la búsqueda de información a los usuarios, poderlas traducir y llegar al material solicitado”, afirmó.
Señaló, además, que el trabajo en la biblioteca es “muy enriquecedor” por la capacidad que tiene de transformar vidas a través de la lectura. “Desde el momento en que llega un usuario a la biblioteca y hace una consulta, ya hay un proceso de transformación, puesto que identifica que este espacio es para todos”.
Pese a que la biblioteca departamental ha tenido un proceso evolutivo que integra las herramientas digitales, aún es considera como “tradicional”, pues en su agenda predominan los servicios presenciales.

“Hay algunas personas que todavía no conocen los servicios que ofrecemos acá como el uso de computadores, préstamo de libros, exposiciones de arte, jornadas de cine, entre otros. Entonces, ahora contamos con dos públicos: uno que está descubriendo el potencial que tenemos como centro cultural y otro público que definitivamente ya está inmerso en la academia y que lo que va a hacer es venir porque requiere una información puntual”, manifestó Monsalve.
Actualmente, este centro cultural -que salvaguarda la memoria, historia y producción intelectual del departamento del Atlántico- recibe un aproximado de 3 mil personas mensuales y cuenta con un catálogo de 113 mil documentos, de los cuales 44 mil son libros, 23 mil son materiales entre revistas y prensa, y 46 mil libros electrónicos.
¿El bibliotecario nace o se hace?
Cuando Enrique Escorcia intentó identificar el momento en el que se convirtió en bibliotecario, fue imposible encontrar una fecha exacta, puesto que no se reconoce alejado de los libros y estos espacios.
Pese a que siempre ha estado ligado a la literatura, hace 30 años decidió hacer de la Biblioteca Piloto del Caribe, en la Aduana, su segundo hogar y proyecto de vida.
Con una sonrisa y disposición de escucha, al llegar a la biblioteca, Enrique pasa de ser una persona convencional, a convertirse en un puente entre los usuarios y la búsqueda del conocimiento.
“La labor del bibliotecario es algo que uno lleva por dentro, está intrínseco y genera amor por la lectura, los libros y la cultura. Porque gracias a eso, nosotros somos como mediadores del conocimiento y ofrecemos equidad social también”, mencionó Escorcia quien hoy coordina los procesos técnicos de esta biblioteca.

También, rememoró una experiencia que le mostró que su labor trasciende los pasillos de la biblioteca, pues se ha ganado a pulso el reconocimiento de las personas fuera de este espacio.
“Una de las gratas experiencias que he tenido a lo largo de estos años es que me han reconocido en la calle. Recuerdo mucho una vez que estaba en un paradero de bus y una persona iba pasando y gritó en manera de saludo: Biblioteca de la Aduana; y así pasa cuando estoy en la taquilla e incluso en fiestas donde coincido con alguien que me distingue por mi trabajo”, recordó.
Además, Enrique definió las bibliotecas como un lugar de inclusión, en el que no ha distinción social, ideológica o política. Un espacio en el que todos conviven alrededor de la lectura.
“Aquí puede entrar el rico, el pobre, la persona de bajo o mucho conocimiento. Esta biblioteca particularmente, aparte de ofrecer los libros, cuenta con una agenda cultural variada que incluye clubes de lectura, tertulias, conferencias, talleres de escritura, alfabetización computacional, charlas, entre otras actividades”, dijo.

Por su parte, Marilyn Mercado, referentista de la Biblioteca Piloto, destacó que dedicarse a este oficio “es una satisfacción grande”, porque le permite interactuar con muchas personas diariamente, orientarlos y acompañarlos en sus procesos de lectura.
“Yo llegué a esta biblioteca hace 10 años y cada día es una experiencia diferente y enriquecedora. Actualmente, apoyo en el área de cómputo en la que también hacemos cursos de informática para que la gente pueda investigar digitalmente y sea un proceso más fácil y llevadero”, destacó.

Diariamente, en la Biblioteca Piloto del Caribe, llegan cerca de 60 personas, algunas para realizar investigaciones, otras para leer en un ambiente tranquilo y dispuesto para que ese momento sea ameno.
Finalmente, es así como los bibliotecarios se convierten en los encargados de preservar la memoria intelectual y convierten esos espacios en refugios inclusivos donde cualquier vida puede ser transformada por la lectura.