La influencia de 'Los asesinos', de Hemingway, en García Márquez y Cepeda Samudio
Se plantea la idea de que la literatura no funciona por influencias directas, sino por redes de relaciones, citas y reescrituras entre textos.
Por: Adalberto Bolaño Sandoval
El siguiente texto es una adaptación bastante recortada de un artículo original, que los lectores acuciosos podrán encontrar en internet. Fue presentado en el reciente XXIV Encuentro de Escritores del Caribe Colombiano, celebrado en Ciénaga, Magdalena, en homenaje al centenario del natalicio de Álvaro Cepeda Samudio.
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Apuestas y precursores
¿De qué manera un escritor influye en los otros? O, mejor, ¿una apuesta literaria, muchos años después, sirve para que un autor sea encuadrado en sus inicios como perteneciente a determinada teoría o influencia literaria?
Por supuesto, Gérard Genette no aborda estas situaciones extraliterarias en Palimpsestos: “La literatura en segundo grado” en donde ha teorizado y analizado esta cadena de relaciones literarias y culturales de un texto en otro.
No se trata de influencias sino de un sistema de referencias de temas reconocidos. La literatura será el lugar de las citas, un lúdico círculo hermenéutico al que se le observa para desmontar sus antecedentes o recurrencias. Será también un reflujo de voces, una reactualización y una constante revisitación, mediante la transtextualidad.
Se trata de indicar, en resumen, el carácter relacional de la literatura, de manera que se encuentra la intertextualidad, o comparecencia de un texto en otro, mediante plagio, citación o alusión, y que es la que nos interesa en este caso. Mantiene un estrecho encadenamiento con la hipertextualidad, bajo la cual un texto A, "original", o hipotexto, puede generar hipertextos B, escrituras alusivas al texto A.
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A este respecto, "Los asesinos", de Ernest Hemingway es el hipotexto que generará los hipertextos de Gabriel García Márquez 'La mujer que llegaba a las seis' y 'Vamos a matar los gaticos', de Álvaro Cepeda Samudio, que serán analizados. [1] Estos dos cuentos permiten también una reflexión desde lo posmoderno, pues revelan lo que denomina Umberto Eco la “pérdida de la inocencia” en la literatura.
Ub ejemplo de esta teoría recepción estética o “precursividad” es desarrollada por Borges en "Pierre Menard, autor del Quijote", a través de ese personaje que se funde (y refunde) con la celebrada obra y con Cervantes.
Menard pareciera sufrir una purificación literaria, hasta llegar a ser Cervantes, instaurando, en palabras del mismo Borges "el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas".
Los casos de Cepeda Samudio y García Márquez
Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez adoptaron, desde sus comienzos, a los escritores que modernizaron la literatura del siglo XX: Joyce, Virginia Woolf, Hemingway, Faulkner, Sherwood Anderson, Theodore Dreiser, Capote, Dos Passos, Saroyan, Erskine Caldwell y Kafka.
En un principio, Cepeda Samudio se introduciría más en una literatura intimista, de niveles sicológicos. Su universo ficcional y el tratamiento que le confiere giran alrededor de la literatura misma.
Es frecuente escuchar a Saroyan o Virginia Woolf en la escritura de Todos estábamos a la espera, a Faulkner en La casa grande, pero en Los cuentos de Juana el despojamiento de artificios y un espíritu festivo que se acercan a un nuevo tipo de relato más que de cuento, presagiaban cambios en su futura literatura, volviéndose los textos iniciales en serios y lúcidos ejercicios de estilo.
Un ejemplo de esa intertextualidad es la introducción el Decreto No. 4, en el cual el general Carlos Cortés Vargas declara cuadrilla de malhechores a los huelguistas de las bananeras de 1928, los condena a perseguirlos, a llevarlos a prisión y castigarlos por las armas, que Cepeda Samudio introduce en 'La casa grande' y García Márquez citará también en 'Cien años de soledad' con el objetivo narrativo de señalar la ignominia del militar que produjo centenares de muertes en la llamada "Masacre de las bananeras".
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Una apuesta en que los asesinos llegaban antes de las seis
La transtextualidad puede verse no solo como un fenómeno literario sino de memoria cultural. La apropiación será transformativa, nueva. Aquí se intenta los aportes que relacionan a un hipotexto: el cuento "Los asesinos", de Hemingway, con dos hipertextos: "Vamos a matar los gaticos", de Cepeda Samudio, y "La mujer que llegaba a las seis", de García Márquez.
El énfasis recaerá sobre una óptica inicialmente intertextual y sobre la manera como los dos escritores costeños aluden al escritor norteamericano. Inicialmente, trazaré un paralelo en el que se puede postular que Hemingway sería precursor ocasional de un tema.
"Los asesinos", y, en general, la cuentística hemingwayana renovaron la forma de escribir en este género, de acuerdo con Perogrullo.
La objetividad, la elipsis, la sequedad de su prosa, la concisión de los diálogos y una voluntad estilística que imbrican y equilibran la historia, sin perder de vista la elaboración del relato, quizá fueron los rasgos que más llamaron la atención de Álvaro Cepeda Samudio y García Márquez y que utilizaron en los cuentos "Vamos a matar los gaticos" y "La mujer que llegaba a las seis".
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Ambos cuentos, escritos en 1950, parecieran ser una apuesta entre los dos amigos sobre cómo reelaborar "Los asesinos", agregándole color local y los elementos que cada uno trabajara. Así fue, en cierta forma.
García Márquez, en una Autocrítica enviada al diario El Espectador en 1952, indica que el periodista Alfonso Fuenmayor apostó a que el cuentista en ciernes no podría escribir un cuento policial, sugerido ello por la lectura de "Los asesinos".
García Márquez realizó el intento, pero, como indica el mismo escritor, fue "una apuesta perdida", "un victorioso fracaso" debido a que su "viejo romanticismo" interfirió, así como la "inexperiencia policíaca", cambiándolo "por un relato lleno de vaguedades y de sugerencias sentimentales, con diálogos correctos y no de albañiles, como debía ser".
Pero vayamos a los textos. La síntesis argumental de los tres cuentos es la siguiente:
En "Los asesinos", antes de comenzar la venta de comidas, llegan al restaurante de Henry dos matones buscando a Ole Andreson, un boxeador, para saldar una vieja cuenta de apuestas. Atan a los asistentes y los interrogan sobre el paradero de Andreson.
Nick Adams, un amigo, le avisa sobre la presencia de los sicarios, pero Andreson, en su habitación, determina esperarlos. Después de eso, Nick decide irse del pueblo.
En "La mujer que llegaba a la seis", una prostituta entra al restaurante de José antes de las seis de la tarde. Entre estos dos personajes existe una relación sorda (erótica, de amor, de decepción).
La prostituta le solicita a José que declare a la policía, en caso de que se le pida, que ella llegó antes de las seis de la tarde. Insinúa que mató a uno de sus clientes. Se irá del pueblo.
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En "Vamos a matar los gaticos", tres niñas (pareciera también haber un niño) matan los animalitos recién nacidos que tienen en su casa. Después de ello, siguen jugando sin sentimiento de arrepentimiento o dolor. Los sacrifican tal vez para que no los regalen.
Pues bien: en la escritura de los dos cuentos colombianos hay una posición metatextual e intertextual y de alusión crítica por parte de los dos narradores costeños frente al cuento de Hemingway.
De igual manera, se conjuga con la copresencia alusiva de una intratextualidad que se da en varios niveles, ello desde la visión de Barthes. Iniciemos desde los títulos: si bien Cepeda Samudio alude en el inicio del nombre lateralmente a una acción violenta ("Vamos a matar..."), la segunda parte ("...los gaticos"), enuncia un sesgo menos dramático, casi que tierno al usar el diminutivo de los animales.
Es más: el cierre de las sílabas "ti-cos" en la última palabra equilibra a nivel fónico las terminaciones "as" y "os" de "vamos a matar los", con lo cual se genera un cambio rítmico y un contraste fónico.
Así mismo, en "Los asesinos" sugiere un desarrollo de situaciones más profundas. Sin embargo, el título del cuento de Cepeda Samudio enuncia una acción explícita, que informa, pero que también afirma enseguida un núcleo de situaciones que ya no son sugerencias.
El titulo hemingwayano conlleva, además, una información antropológica, pues se sobreentiende que los asesinos son hombres adultos, mientras que en "Vamos a matar los gaticos" ha cambiado la acción hacia unos animalitos, bajo un diminutivo cariñoso de los niños, que no deja de ser, desde un punto de vista moral, un empequeñecimiento de la acción vil que se realiza sobre estas criaturas.
"La mujer que llegaba a las seis" es posible relacionarlo inicialmente con "Los asesinos" si se observa que los hombres contratados para eliminar al sueco Ole Andreson llegan antes de las seis de la tarde.
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El marco temporal, de entrada, manifiesta la relación metatextual, cuando accedemos a la lectura. Es también relación architextual porque el género en que se mueven los tres es el cuento, lo cual subraya la naturaleza transtextual de los tres relatos. Los cuales manejan un tiempo lineal, con leves alusiones al pasado, con una duración en cada acción del relato entre 30 y 45 minutos.
Ahora, Cepeda Samudio difiere con García Márquez en cuanto a la transformación de los elementos narrativos. La transposición hemingwayana en "Vamos a matar los gaticos" es temática y, en parte, formal.
El asesinato como una de las más bellas artes, cambiará de espacios. En este cuento es ambiguo, pero, también, sería un espacio literario. En el plano hipertextual, Cepeda potencializa lo literario de "Los asesinos", pero lo hace derivar hacia la atmósfera de narración inocente que mantiene en Todos estábamos a la espera.
Hay que recordar que en los cuentos "Hoy decidí vestirme de payaso" o "Un cuento para Saroyan", la inocencia de la mirada del narrador oblitera conflictos más intensos. Igual sucede en Los cuentos de Juana.
En este sentido, "Vamos a matar los gaticos" muestra, en su profundidad sutil, una historia más sórdida que los cuentos mencionados de Hemingway y GGM. Vistos los tres cuentos, la diferencia entre los escritores no solo radica en los materiales y el tratamiento que les dan, sino en su retórica, que en este caso es el estilo con que afrontan su escritura. Las elipsis, los silencios e insinuaciones servirían para plantear innumerables hipótesis.
García Márquez ha recurrido a los diálogos como recursos que iluminan el pensamiento de sus personajes, pero en "La mujer que llegaba a las seis" busca revelar el desciframiento de la trama, como si fuera un intercambio entre la Esfinge y Edipo.
García Márquez, a diferencia de Hemingway, puebla de datos y de exposiciones el cuento con el objetivo de dar más interés a la situación dramática. Cabría decir también que en "Los asesinos", los personajes tienden a funcionar como seres más directamente por la naturaleza de su misión, mientras que en "La mujer..." hay un juego de temperamentos entre la mujer y José con el fin de que ella pueda convencer al hombre para que testimonie a su favor en una declaración sobre la muerte de un cliente que ella eliminó por hastío y asco.
Hay, entonces, más ambigüedad, más literatura y un manejo dramático para mantener el interés por la lectura.
Quizá quien más se acerca a recapitular la lección de "Los asesinos" es García Márquez, pero al contextualizarlo en el espacio latinoamericano, se inscribe en una creación más nacional o americana.
El código cultural provinciano, por no decir telúrico, que enmarca y relata el novelista de Aracataca, entra a diferenciarse del cosmopolitismo, o, mejor, desterritorialización de Cepeda, cuando recurre al hecho de darnos un escenario de acciones.
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Hemingway procura ser más elíptico al respecto: "Los asesinos" dicta dos códigos a los dos noveles escritores de ese momento: el formal y el estilístico. Cepeda utiliza solamente los diálogos mientras que el catálogo garciamarquiano es mayor: diálogos, descripciones, interrupciones.
Hemingway equilibra la balanza entre los dos y les entrega sus opciones para que escojan. En la descripción de los personajes, Hemingway es más seco, preciso. GGM recrea los suyos lentamente, a través de sus actos y palabras. Cepeda, a través de lo que dicen. La función emotiva se vuelve informativa para el lector en ambos escritores colombianos.
Pero dejemos hasta ahí. Este es un tema amplio, filosófico, cultural: memoria histórica o memoria cultural, laberintos, textos, nuevas cosmovisiones o su repetición mediante elementos retóricos.
El cambio de estatuto de la literatura significa una reflexión hacia nuevas sendas. Genette apunta hacia unos niveles formales y hacia la literatura como un sistema circular de citas. Borges lo supo antes que cualquier teorización posestructuralista o posmoderna, demostrándose que los escritores suelen adelantarse a cualquier conceptualización.
En Colombia Cepeda y GGM supieron mirar más allá de sus fronteras para subvertir una literatura que se encontraba minada y silenciosa en la búsqueda de un autor que la sacudiera, sin padecer por las “angustias de la influencia” de Bloom, ni preocuparse por hacer estallar las estructuras literarias tradicionales colombianas. Ellos también abogaron, como dice Borges al final de "Pierre Menard...", por "una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales que son la literatura.