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Rubén Blades y Bad Bunny.
Rubén Blades y Bad Bunny.
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La férrea defensa de Rubén Blades al exitoso momento de Bad Bunny

Después de ganar varios premios Grammy.

Por Rubén Blades

SOBRE LOS PREMIOS Y LAS OPINIONES

Siempre he tenido un problema con las premiaciones porque la felicidad de un ganador se basa en la decepción del que no gana, algo que parece injusto, más aún cuando todos los nominados poseen talento y merecen el reconocimiento por su trabajo.

Admito que no conozco a nadie al que le guste perder y no soy la excepción. Gracias a Dios, en mi casa me enseñaron a no fanfarronear y a no depender de aplausos o de premios para creerme exitoso, o superior a otros. Es el tiempo quien se encarga de verificar el valor y la verdad de las cosas, no la publicidad, "la payola", la fama, la envidia o el odio .

Mucha gente critica a "Bad Bunny" argumentando que "canta basura", "canta mal" y que por eso no merece recibir ningún tipo de premio, reconocimiento o alabanza.

Esa opinión negativa sobre artistas no es nueva. Cuando Elvis Presley apareció con el "rock 'n roll", igualmente fue insultado, censurado, prohibido e incluso denunciado como agente de Satanás. Elvis, aunque ascendió a la cima de la popularidad mundial, nunca ganó un Grammy por su música de "rock" (en cambio, sí recibió tres en la categoría de "Gospel Music", pese a sus supuestos "vínculos con el diablo") y otro por "Lifetime Achievement" (por los logros a lo largo de su vida).

Sin embargo, le pese a quien le pese, Elvis Presley se convirtió en un referente cultural de obligatoria mención cuando se habla o analiza la música popular del siglo XX y un icono popular y de culto que aún perdura.

A mis casi 78 años sé que cada generación encuentra una forma de expresión propia. Siempre ha sido así y los cambios siempre han encontrado oposición y censura de parte de los que defienden las formas que sustituyen, sean estas musicales, audiovisuales, de estilo al escribir, de hablar o bailar, en el uso de la moda al vestir, de llevar el cabello, de tatuarse, etc.

Cuando una generación se hace vieja y otra más joven la reemplaza, la que sale defiende su legado y rechaza lo nuevo por considerarlo inferior a lo suyo. Históricamente, las generaciones nuevas crean y asumen otros códigos de gustos y conductas, funcionan basándose en ellos y desafían y desechan mucho de lo que en otras épocas fue considerado como moralmente correcto, justo y socialmente necesario.

Muchos de nosotros hemos extendido nuestra presencia en la Tierra. Vivimos más tiempo y eso ha contribuido a que el tradicional paso de una generación a otra se haya hecho más contencioso. Hoy, el ayer y el futuro comparten la misma casa y diferentes ideas, gustos y expectativas producen constantes choques, por nuestra incapacidad para aceptar una realidad de constantes cambios, sobre todo en el campo de la tecnología.

Cuando yo era un niño, la primera vez que vi unos senos fue en una revista de National Geographic que reportaba sobre grupos primitivos. Hoy, niñas y niños que ni siquiera llegan a la pre-pubertad, tienen acceso directo a la pornografía y a actos de todo tipo de violencia a través de cualquier dispositivo conectado a Internet.

La mayoría no cuenta con el tipo de supervisión familiar bajo el cual creció mi generación y que, bien o mal, y condicionó nuestras reacciones como adultos.

Resulta imposible imaginar cómo la inocencia que conocí de joven pueda sostenerse bajo la corrupción política y los incesantes avances tecnológicos de hoy.

Las experiencias que la realidad actual produce crean otro tipo de individuo, de ideas, de pensamiento y de actitud frente al mundo que resulta imposible de aceptar en muchos casos para mi generación.

La música no escapa al efecto de tales apreciaciones. El reguetón, el "trap", el "rap", el "hip-hop", son manifestaciones de una generación que tiene una nueva manera de ver e interpretar al mundo. Lo que mi gusto rechaza simplemente no escucho, pero sin exigir su prohibición; prefiero que cada cual decida lo que desea o no leer o escuchar.

Y si me dicen que eso es equivocado, porque los niños no tienen criterio para decidir lo que es bueno y lo que es malo, entonces sugiero concentrar nuestra atención en la necesidad de formar esos criterios desde el hogar y no esperar que sea el maestro en la escuela, o "la calle" los encargados de educar a los hijos ajenos y de inculcarles la información y guía "moral" que determine su comportamiento.

La "moralidad" es un concepto que cambia constantemente. En muchos casos es una reacción hipócrita. Mucha gente que censura la "vulgaridad" en la música son seres vulgares en secreto, políticamente corruptos, o que no dicen la verdad por miedo a represalias, o para obtener o mantener ventajas, o porque buscan engañar a otros para lograr ganancias egoístas.

Mis recientes felicitaciones a Gloria Estefan y a Benito, "Bad Bunny", por sus premios Grammy, han causado miles de comentarios variados. Unos son positivos y otros negativos. Lo desagradable es ver cómo el odio permea la opinión de muchos de los que critican. Da pena el grado de ignorancia y falta de argumentos que distingue a la mayoría de los que insultan pero no proponen.

Cuando alguien me pregunta sobre a quién considero ser el "mejor cantante, o sonero", siempre respondo: “el que te guste más”. Solamente alguien que sepa formalmente de música, educado en la academia, puede técnicamente contestar esa pregunta luego de analizar la afinación, pronunciación, improvisación, imaginación del que canta.

El dicho, "para gustos los colores", explica mejor que yo lo absurdo que es pretender decidir quién es el mejor, o la mejor, cantante.

Lo mismo ocurre con las bandas y con los géneros. Que si "la salsa" es mejor o peor que el "rock". Que si el "reggae" es mejor o peor que "el pop". Que si el "reguetón" es mejor o peor que la "salsa", y así sucesiva e inútilmente.

¿Es importante el llegar a una conclusión sobre este asunto? No lo creo. No resuelve nada y a cambio enoja a medio mundo por puro gusto. Mi consejo: si no te gusta un género musical o un artista, o no tienes la disposición para tolerarlo, simplemente no lo escuches. No hay necesidad de mentar la madre al músico, ni a quien canta, a la banda que lo acompaña, o a quien le guste oírlo. No hay necesidad de insultar, descalificar, censurar, ni ofender, y si esa es tu reacción, sugiero que busques ayuda, pues debes sufrir de un problema que seguramente crea una gran dificultad en tu diario existir y en el de otros.

Aplaudo a Gloria y a Emilio Estefan por sus logros. Son profesionales que trabajan duro y que se esfuerzan por dar lo mejor de sí en sus discos y presentaciones para satisfacer al público. Enhorabuena para "Bad Bunny" por su apoyo mundial indiscutible, como lo indica, por ejemplo, el llenar ocho Estadios Azteca (78.000 personas o más, en cada presentación).

Ese tipo de patrocinio, cualquiera que sea la razón que lo justifique, produce una influencia social que Benito Antonio Martínez Ocasio ha utilizado para ayudar a la autoestima de su Puerto Rico, patria que él adora. Espero que continúe evolucionando espiritual e intelectualmente, que aproveche sus posibilidades juiciosamente y evite arruinarse por excesos y "sanguijuelas", y que utilice su momento de éxitos para influir positivamente en un mundo que, al presente, lo ha elevado a la cúspide de su profesión.

Siempre he tenido claro que "Todo tiene su final", como cantó nuestro colega, Héctor Lavoe y por eso, antes de mudarnos "al otro barrio", continuemos creyendo necesario hacer lo posible para mejorar lo que encontramos al nacer, decir la verdad aunque moleste al poderoso, ayudar en lo que podamos al que podamos, y recordar lo que dijeron los "Beatles" y que vale en cualquier idioma: "...all you need is love...".

Rubén Blades

4 de febrero, 2026

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