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Hacer rock en la "Puerta de Oro" no siempre ha sido tarea fácil.
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Entre mar, río y brisa

El rock en Barranquilla no es una copia del sonido anglosajón; es un género que respira la humedad del Caribe.

Por Geraldine De la Hoz

En una ciudad donde el pulso lo marcan tradicionalmente el repique del tambor y el brillo del metal de las orquestas de salsa, existe una corriente alterna, persistente y apasionada que fluye con la misma fuerza que el Magdalena: el rock.

Bajo el título "Entre mar, río y brisa", nos adentramos en la historia de un género que, lejos de ser un extraño en tierra tropical, se ha convertido en la banda sonora de resistencia y autenticidad para miles de barranquilleros.

Barranquilla, el "Pórtico Dorado de la República", siempre ha sido una ciudad de puertas abiertas. Por su puerto no solo entraron el progreso y los inmigrantes, sino también los primeros discos de vinilo que traían el sonido distorsionado de guitarras eléctricas, sembrando una semilla que germinaría en una escena local vibrante y diversa.

Hacer rock en la "Puerta de Oro" no siempre ha sido tarea fácil. En un entorno donde la cultura popular está íntimamente ligada al Carnaval, los rockeros barranquilleros han tenido que navegar contra la corriente, ganándose el respeto a pulso. Sin embargo, esa misma dificultad es la que ha dotado al rock local de una identidad única.

El rock en Barranquilla no es una copia del sonido anglosajón; es un género que respira la humedad del Caribe. Ha aprendido a convivir con la brisa de diciembre y a alimentarse de la irreverencia propia del costeño.

Históricamente, el impacto cultural del rock en la ciudad ha sido el de ofrecer un espacio de libertad para aquellos que buscaban una forma distinta de expresión, convirtiéndose en un refugio de creatividad para los jóvenes de diversas generaciones.

Hoy, mientras la brisa de enero recorre el Malecón del Río, el rock barranquillero vive un momento de madurez. Ya no se trata solo de "ruido" en un garaje; se trata de una industria local que produce festivales, graba álbumes con estándares internacionales y exige su lugar en la agenda cultural de la ciudad.

El rock en Barranquilla es, en definitiva, ese tercer elemento que completa el paisaje: si el río es nuestra historia y el mar es nuestra conexión con el mundo, el rock es la brisa fresca que nos recuerda que esta ciudad es múltiple, diversa y, sobre todo, profundamente rebelde. Entre el mar y el río, el rugido de la guitarra eléctrica sigue siendo el grito de una Barranquilla que también sabe rockear.

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