La actriz Natalia Reyes en el papel protagónico de Adelaida.
La actriz Natalia Reyes en el papel protagónico de Adelaida.
Foto
Cinépolis

Share:

'Aún es de noche en Caracas': o el todavía oscuro panorama venezolano

La película es dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás.

Por: Adalberto Bolaño Sandoval

¿Cómo poner en escena las contradicciones, las violencias, el poder, el caos organizado y el  dolor humano en un gobierno dictatorial? Estuve tentado a escribir los dolores humanos, pero el verdadero dramatismo de esta expresión solo se puede captar en singular, porque, no sé, es más unitario, más enfocado, te habla del ser humano como ser representativo.

Al tiempo, el término “violencias” cobra un mayor e inusitado valor expresado en plural, porque logra medir con mayor profundidad las diferentes versiones de lo criminal, de lo terrorífico, de las intimidaciones. 

Y es eso lo que justamente muestra esta cinta: las violencias secundarias, las intimidaciones, pero, sobre todo, acudiendo a un juego de palabras: revela el caos organizado por el poder, para desbaratar, para quitar, para despojar de las propiedades a sus dueños, como una forma fuerte de esas violencias, aparentemente escondidas.

Lea aquí:  Gerente del Banco de la República le pide al Gobierno “bajar los ánimos y el lenguaje”

Aunque también muestran muchas escenas de violencias físicas, sin llegar a las torturas corporales, porque muestran también de las otras. El film plantea, desde la mirada de los saqueos, las muertes y  los abusos de poder, que la tragedia puede ser mostrada desde variados pero precisos ángulos, como desde el interior de los personajes, de las personas. 

Y hablando de ese tipo de torturas, la historia es como sigue: Adelaida va enterrar a su madre, en Caracas, quien ha muerto el día anterior. Una vecina quiere acompañarla al acto, pero ella se niega, aduciendo que las dos mujeres siempre vivieron solas, y desea mantener esa última situación.

En esos momentos se está presentando, una vez más, uno de esos enfrentamientos entre las autoridades estatales y los jóvenes protestantes, aunque se presentan pillajes y asesinatos. Normalmente esos enfrentamientos suceden en la noche.

También Adelaida se ha acostumbrado a ello. Por eso, cuando llega, del sepelio, se prepara sus alimentos, llora, siente el duro dolor de la soledad, no solo de la falta de compañía de su madre, sino de su ausencia. 

Días después, siente que unas mujeres “revolucionarias”, como parte del régimen de Maduro, sin planeación alguna, están despojando a sus vecinos, y a ella también, cuando llega de la calle.

De interés:  “Actué de buena fe”: Nelson Velásquez, tras el escándalo en cárcel de Itagüí

Comandada por la Generala y un grupo de mujeres que la apoyan, a nombre de ese movimiento, se ha apoderado de su apartamento, sustentando que la “revolución” se expande y necesita de las propiedades de las “burguesas” o de aquellas que no las necesitan. No le da pie ni siquiera para sacar sus documentos o lo más mínimo. No sabe qué hacer. Esta constituye también parte de las violencias, de las torturas silenciosas: despojar de sus propiedades a los dueños. 

Expoliada, toca donde su vecina, quien no le abre. Entonces, empuja la puerta, que se encuentra entrecerrada, y logra entrar. El departamento se encuentra silencioso, casi vacío, con poca luz, hasta que Adelaida se tropieza con algo: encuentra al cuerpo de su vecina, quien ha muerto quizá de muerte natural o por soledad, o por quién sabe qué, y seguramente desde hace algunos días, pues el cuerpo está expeliendo malos olores.

Ella era quien quería acompañarla al sepelio. Luego, trata de ordenar el lugar y alimentarse. Al tiempo, la Generala sigue sacando a los otros vecinos, en un proceso autárquico, individualizado, pues se viene a saber, días después, que un “compañero” viene a quitarle ese poder, si no le reconoce un pago por ese poder adquirido en esa zona. Cosa que logra: la Generala es expulsada días después. 

Lea aquí:  Cae presunto cabecilla del ‘Clan del Golfo’: tendría influencia en Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba

En tanto, Adelaida sale una de esas noches de violencia y es atacada por un protestante enmascarado, quien después de quitarse la capucha, luego de dominarla en el suelo, la reconoce, y ella a él, como Gustavo, el hermano de una amiga, quien lo anda buscando, pues se encontraba desaparecido. De ella Adelaida ha recibido muchas llamadas de preocupación por su pariente.

En esos días, la Generala abandona los apartamentos ocupadas por ella y sus correlegionarias, tras la expulsión de su “compañero” combatiente de la revolución madurista. Estamos en el año 2017, el año de mayores enfrentamientos entre los defensores de la “revolución” de Maduro y sus fuerzas autoritarias, contra los miembros de la oposición. Fue el tiempo de mayores luchas y cuestionamientos a ese poder omnímodo. 

La película narra también a través de flashbacks, la vida de Adelaida y su relación con su progenitora, que contribuye a distensionar un relato fímico con muchas tensiones, con muchos dolores.

Este es una cinta narrada con detalles y de manera proba e inteligente, aunque muchos de esos recuerdos con el primer novio, el fotógrafo, Francisco Ramírez, tengan escenas de desnudos innecesarios, o algunos recuerdos con la madre son relatados de modo muy cursi, algunas veces en demasía. 

De interés:  Reportan avance del 48% de las obras en tramo de la Circunvalar, en Soledad

Una crítica inteligente 

'Aún es de noche en Caracas' constituye una mirada metafórica a las violencias representadas desde el interior de los personajes, aunadas, aunque un poco menos, a las exteriores.

Se encuentran muy en conexión con las violencias de las diversas corrupciones de un ¿Estado? venezolano, que se fundamenta en el desorden y la anarquía establecida para gobernar. Donde haya mayor caos, impera el aparente desgobierno. Divide para gobernar. 

Se trata de reinar desde las individualidades de estos personajes torcidos como la Generala y su “compañero” extorsionista, para poder administrar desde la fragmentación centralizada, como un modo de revelación de la podredumbre de un sistema. 

La mirada con que es enfocada Adelaida es la de aquellas víctimas que navegan de manera incierta en un panorama interno obtuso, cuando los representantes del poder buscan explotar a aquellos seres inocentes, ahogados en medio del fragor de las batallas entre ellos mismos.

La corrupción es mostrada desde dentro de sí misma, sin importar a quiénes inflijan penas y dolores. Y como parte de esta, se encuentra el “tramitador” de documentos, que logra conseguirle la documentación de Adelaida para cambiar de identidad, hasta para conseguir el pasaporte hacia España.  

Lea aquí:  ‘La naturaleza que nos mira’, exposición con obras de 'Atlántico respira ambiente 2025’

Por otra parte, la perspectiva con que es observado Santiago resulta doble, como la mirada de la propia cinta: representa la de la víctima y el victimario: perseguido y perseguidor; lo segundo, cuando trabajó por la causa del gobierno, pero luego se dio cuenta de las violencias que esta generaba, y quiso rechazar al régimen, cobrándole este con creces mediante torturas, y, con ello, al romper las reglas establecidas, este gobierno lo persigue continua e implacablemente, señalándolo no solo considerándolo como como chivo expiatorio, sino también como una forma de  acallar aquellos que pudieran denunciarlos por esa causa estatal que se autoconstruye cada día más.  

Paralelo a ello, la película retrata también inteligentemente los cambios de actitud de Adelaida y su búsqueda de cuestionar a los otros y a sí misma. Cuando ella decide ocupar el apartamento de la vecina, y tirar el cuerpo de esta a la fogata que prenden los protestantes a las puertas del edificio, ya está demostrando decisiones que el espacio y situaciones que la rodean le piden que realice a nombre de esas transformaciones.

Una de estas: cuando decide irse de Venezuela, usurpando el nombre de la hija de la vecina adonde se trasladó. Acaso ese pudiera ser el tema del film: las transformaciones de los individuos merced a los contextos extremos que los rodean.   

Adelaida se constituye en una metáfora de la capital venezolana lóbrega, mucho más cuando afronta, cuando encara, como en el poema de San Juan de la Cruz, “la noche oscura del alma” y de su vida, cuando se le cierran todos los caminos, y en la que, como en el texto poético, pasa por varias fases místicas, conjugándose con los sucesos del film: la vía purgativa, que es la del dolor por la madre muerta y el recuerdo atosigante de la muerte de Francisco, su exnovio asesinado por las fuerzas del “orden”;  la iluminativa, cuando adquiere nuevas decisiones, una de ellas a través del amor con Santiago, y olvidar a su viejo amor, así como de informarle a su hermana sobre el paradero de él, y, por último, la fase unitiva, fundamentado en la decisión de emigrar a España, luego del acto de  asumir la identidad de otra persona.  

Lea aquí:  Gerente del Banco de la República le pide al Gobierno “bajar los ánimos y el lenguaje”

El reparto y la dirección 

La película es dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, del 2025, y es una coproducción mexicano-venezolana. Las locaciones fueron en México.

Mariana Rendón ya había dirigido “Pelo” (2013), que recibió el Concha de Oro de España, en el 2014, mientras que Marité Ugás, es una directora, guionista y productora limeña, quien dirigió el elogiado documental “Barrio Belén”, filmado en Cuba, y que narra las vicisitudes de vivir en La Habana.

Así mismo, sus cortometrajes “Algo caía en el silencio” y “Cotidiano” fueron premiados en New York, Helsinki, Roma y Bilbao. De su primera colaboración con Mariana Rendón nació “A la media noche y media” (1999), cinta que recibió muchos premios como ópera prima en diferentes festivales del mundo. 

'Aún es de noche en Caracas' nace de la novela escrita por Karina Sanz Borgo, “La hija de la española”, con guion de las dos directoras, y es protagonizada por Natalia Reyes, la intérprete de “La vendedora de rosas”, realizando una propuesta interpretativa, creíble, fuerte, de manera inteligente: una mujer que, bajo una aparente presencia gris, sin ningún maquillaje, logra expresar su cuerpo y su alma, pero que consigue salir adelante en su destino, dejando atrás país fragmentado.

Su presencia actoral confirma su valía. La acompañan también Moisés Angola, como Santiago, en un excelente papel secundario, Sheila Monterola como la Generala, y Edgar Ramírez como Francisco, quienes manejaron sus papeles de manera relevante.  

Acerca de ellos, si bien el peso de la película recae en Adelaida, hubiera sido de importancia que se hubiera ahondado en el personaje de la Generala, y quien, a través de sus órdenes, se revela un ser de trascendencia no solo para retratar la corrupción, sino para enfrentarse a los mismos prosélitos del régimen. Se hubiera explorado, así, desde una otra mirada, la descomposición y contradicción de ese gobierno, que también muestra un mentís de decadencia con esos actos contra los ciudadanos de a pie. 

La película, de la plataforma de streaming Netflix, confirma que el cine latinoamericano se encuentra en una valiosa etapa de su producción. Temas y tratamientos, de cualquier porción de la realidad nuestra, se llena de propuestas exigentes e inteligentes, desde cualquiera de los países que nos conforman. Y “Aún es de noche en Caracas” permite transmitir que todavía muchas zonas del mundo siguen en una persistente oscuridad. 

Más sobre este tema: