Ninguna norma detiene el mal comportamiento de los soledeños, conducta que ha incidido en el elevado número de casos positivos de Covid-19 que ya asciende a 107, es decir más del 34 por ciento del total del departamento del Atlántico.
Entrando a Soledad por la calle 17 se ve la cantidad de motocarros, salmones y azules, circulando. Igual se ven por todos los rincones de la población en donde los soledeños usan este sistema como su medio de transporte. Su circulación está prohibida por la emergencia sanitaria, pero circulan, y de los dos colores, o sea, peor que en un día de no cuarentena porque solo podía circular uno de los dos tonos.
Si el Tránsito de Soledad controla que los buses no sobrepasen el 35 por ciento establecido por la emergencia sanitaria, no ven la competencia de los motocarros, con pasajeros a bordo. Ahí por las condiciones del vehículo, menos se puede mantener las distancias exigidas.

Se observa mucha gente las paradas de buses, esquinas y las enormes filas en bancos, oficinas públicas, de giros y mensajería entre otras.
Las normas están, la prohibición existe pero nadie las hace respetar ni nadie las respeta.
Quienes están en la vía pública jusifican su presencia en las calles porque no tienen alimentos, necesitan comer y darle de comer a sus familias, y manifiestan que no han recibido ayuda. Así lo que se vendría para Soledad, no sería nada alentador.
