Las mamás brasileñas de muñecas hiperrealistas o ‘reborn’, reunidas en uno de sus encuentros mensuales en São Paulo, defienden el “arte” detrás de estas piezas de coleccionista, frente a los recientes ataques que han recibido al viralizarse en redes sociales.
Hace buen tiempo y un grupo de mujeres de mediana edad aprovecha para dar un paseo por el parque con sus 'bebés' en el carrito.
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El curioso que quiera hacerles mimos tendrá que acercarse mucho para darse cuenta de que, pese al nivel de detalle, no son más que muñecas.
“Ay, mira qué barriguita”, “uy, pero qué pelo más lacio y bonito”, comentan las mujeres, que se reúnen periódicamente para admirar estas piezas de colección, pintadas a mano y cuya elaboración lleva semanas.
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Andreia Mariane, de 51 años y organizadora del encuentro, lleva en brazos a Laura. Antes de la reunión, le ha quitado el polvo y le ha hidratado con crema el cabello castaño, hecho con pelo de cabra angora.
Casada y madre de cuatro hijos ya mayores, dice que colecciona, entre otras razones, porque las muñecas le devuelven a un tipo de maternidad ya olvidada.
“No los trato como hijos, pero sí con cariño porque me transportan a mi pasado por ser tan parecidos a los bebés de verdad”, apunta.
En las últimas semanas, las coleccionistas han recibido una ola de insultos por su 'hobby', después de que se viralizaran en redes sociales videos en los que algunas pasean a sus muñecas por un centro comercial o las llevan a clínicas.
Al calor de la polémica, en el Congreso brasileño han surgido proyectos de ley para multar a quienes usen las ‘reborn’ para conseguir beneficios sociales o para saltarse la fila en establecimientos como bancos o supermercados, donde las lactantes tienen preferencia.
EFE