Los campesinos de Mamuí, comunidad ubicada en una de las áreas más deforestadas de la Amazonía, lideran un cambio de mentalidad y de método en la actividad agropecuaria en Brasil que busca reforestar los terrenos talados en el pasado.
La revalorización de ciertos frutos amazónicos como el açaí, así como la asistencia técnica del Gobierno, han posibilitado un giro ecológico entre los antiguos deforestadores, si bien el modelo todavía es de alcance limitado en el estado de Pará, anfitrión de la próxima cumbre climática de la ONU (COP30).
Chap, chap. Las botas de Sadias Pinheiro, agricultor de 72 años, se hunden en la tierra húmeda donde recientemente plantó açaí; tras años desaparecido, el manantial ha vuelto a dar señales de vida.
“La tierra estaba toda agrietada en verano con el ganado y mira ahora”, dice a EFE.
A principios de los 2.000, cuando Pinheiro y otras 70 familias se instalaron de forma irregular en un trozo de selva virgen, tomaron el camino de siempre: talar, quemar y sembrar hierba para las vacas.
Era la época en que se batieron récords de deforestación en la Amazonía -27.700 kilómetros cuadrados tan solo en 2004, una superficie parecida a Haití-, y el sur de Pará se convirtió en una planicie de tierras yermas con parches de selva.
En Mamuí, de los 25 kilómetros cuadrados de asentamiento, menos de uno mantuvo la vegetación nativa, según cálculos de Pinheiro.
EFE