Los ferrocarriles desaparecieron en Colombia hace décadas pero el tren permanece en la memoria de su gente, en su música y su literatura, y por eso la llegada de los primeros vagones para el Metro de Bogotá causa furor a medida que, montados sobre camiones, atraviesan la indómita geografía nacional desde la costa atlántica hasta las montañas de los Andes.
"¡Ya viene el Metro de Bogotá! Si ven el tren por las carreteras del país, mándenme su foto por favor", pidió en su cuenta de X el alcalde de la capital colombiana, Carlos Fernando Galán, quien la semana pasada recibió en el puerto de la caribeña Cartagena, con toda la pompa, los primeros seis vagones fabricados en China.
A medida que la caravana recorre los cerca de 1.150 kilómetros en dirección al centro del país, el ruido festivo de las bocinas de los enormes camiones saca de la somnolencia del trópico a los habitantes de los pueblos situados a orillas de la carretera. Grandes y chicos se aglutinan para ser testigos del paso de los vagones cubiertos con lonas azules y, con sus teléfonos celulares, grabar el momento para la posteridad.
Las escenas recuerdan el episodio de 'Cien años de soledad' en el que Aureliano Triste decide llevar el ferrocarril a Macondo para conectarlo con el mundo y es así como, atraídos por "los silbatazos y resoplidos, todos los habitantes se echaron a la calle (...) y vieron hechizados el tren adornado de flores que por primera vez llegaba con ocho meses de retraso".
En el caso del Metro de Bogotá, el retraso es mucho mayor que el de Macondo, de 83 años según el alcalde.
La primera referencia en la prensa al sueño bogotano de tener metro apareció el 1 de marzo de 1954 en la portada inaugural del diario económico La República, que anunciaba un proyecto a cargo de técnicos alemanes: "Habrá informe para la construcción del subway en la capital".
Nueve años después, el 29 de julio de 1963, la prensa informaba de otro estudio, de la firma Apron, para construir un metro subterráneo, y lo mismo sucedió durante las cinco décadas siguientes hasta que, bien entrado el siglo XXI, el proyecto finalmente empezó a salir del papel.
EFE