Barrios fantasma, avenidas devastadas y familias rotas. Un año después de que Israel lanzara la operación 'Muro de Hierro', que provocó el mayor desplazamiento forzado -excluyendo Gaza- desde la Nakba (catástrofe, en árabe) de 1948, miles de refugiados palestinos al norte de Cisjordania ocupada siguen preguntándose si podrán volver a sus hogares.
El Ejército israelí aún no ha abandonado el campo de refugiados de Yenín, donde el 21 de enero de 2025 inició su brutal despliegue expulsando de allí a todos sus habitantes, que luego continuó principalmente en los de Tulkarem y Nur Shams, de los que tampoco ha salido.
Unos 32.000 refugiados continúan obligados a permanecer fuera de sus casas, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), fruto de esta operación, considerada ya la más prolongada de Israel en territorio palestino en dos décadas, concretamente desde la Segunda Intifada (2000-2005).
OCHA reportó en julio que hasta entonces 74 habitantes de estos campos, incluidos mujeres y niños, habían muerto por fuego israelí, y que aproximadamente un 30 % había fallecido por ataques con drones. Durante la redada ha muerto un soldado israelí.
EFE