A pesar de que el flujo migratorio ha disminuido drásticamente en los últimos meses en la frontera México-Estados Unidos, se ha observado desde el lado mexicano que justo en el bordo del río Bravo (río Grande en EE.UU.) la Guardia Nacional de Texas sigue instalando barricadas de púas en la línea divisoria entre ambos países, lo que supone un riesgo para los migrantes.
La medida responde a una orden del gobierno de Donald Trump, que declaró la línea divisoria como zona militar.
Ante ello, activistas y organizaciones de derechos humanos mexicanas han expresado su preocupación por esta creciente militarización, advirtiendo que podría poner en mayor riesgo a las personas en situación de movilidad en la frontera.
El pastor Juan Fierro García, director del albergue Buen Samaritano en Ciudad Juárez, alertó este miércoles sobre las consecuencias que esta decisión podría tener en la seguridad de los migrantes.
“Los que día con día estamos viendo desde este periodo presidencial que se dio a partir de enero (con Trump) hemos visto que hay cada vez más obstáculos y más vigilancia de la patrulla fronteriza, de los militares que se encuentran, de la Guardia Nacional de Estados Unidos y la Guardia Nacional de México”, comentó a EFE en entrevista.
EFE