Plano general de los cambuches ubicados en la oreja del puente de la Murillo con Circunvalar.
Plano general de los cambuches ubicados en la oreja del puente de la Murillo con Circunvalar.
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Cristian Mercado

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Una oreja de un puente, 10 cambuches y el mismo drama: La compleja situación de 60 venezolanos

La lluvia los azota diariamente, las enfermedades los persiguen y la inseguridad los acecha.

Una oreja de un puente se convirtió en su nuevo hogar temporal. La zona ha sido transformada en una fortaleza, en donde los niños son los más resguardados, en medio de su inocencia.  

Los cambuches son sus 'casas' improvisadas, las sábanas y colchonetas sus objetos más preciados, la leña indispensable para encender el fuego y poder preparar la comida que los sostiene por muchas horas. 

Así es el panorama que viven desde hace dos meses, 60 ciudadanos venezolanos, que no tuvieron otra salida, que "refugiarse" en una de las orejas del puente de la calle Murillo con avenida Circunvalar. 

En total son 10 cambuches, donados por vecinos del sector que los apoyaron desde el primer instante. También recibieron sillas, polisombras, nylon, juguetes, medicinas y comida hecha y no perecedera. 

Venezolana junto a su hijo, en una de las zonas de los cambuches.

Las noches para los hombres son de poco dormir, sus energías son para vigilar la zona y cuidar de algún peligro a las mujeres y los niños. Hacen turnos hasta que inicia un nuevo día y deben salir a ganar dinero. 

El contexto es complejo. El sufrimiento de la crisis en Venezuela se nota en sus miradas y tienen que padecer una problemática más: la época invernal que azota a Barranquilla en este mes de octubre. 

Cuando llueve los cambuches dejan de ser sus refugios y todos deben salir corriendo para resguardarse en el puente, una zona afectada por contaminación ambiental.

"Prefiero vivir así, que volver a mi país"

Los ciudadanos venezolanos apelan a la unión para sobrevivir en esta zona de Barranquilla. Tienen un grupo fortalecido y entre ellos mismos se guardan la espalda ante alguna escaramuza de inseguridad. 

Franklin Torres es uno de los residentes de la zona de cambuches, similar a la que se presentó por varios meses en la Terminal de Transportes. 

El hombre de tez morena relató que llegó a Barranquilla desde el mes de enero, pero la falta de empleo y dinero para sostener un arriendo lo dejó en la calle y junto a sus familiares decidieron instalarse en la oreja del puente. 

"La lluvia no está perjudicando un poquito, pero cubrimos nuestros cambuches con bolsas plásticas y así no se nos mojan los bolsos", expresó el hombre a Zona Cero. 

"Aquí estamos luchando más que en nuestro país, aunque sea mojándonos se les da de comer a nuestros niños", agregó Torres, quien en este momento oficia como reciclador. 

Franklin Torres, ciudadano venezolano.

En la zona de la oreja del puente donde está ubicado, hay tres cambuches y dos más a 10 metros, en los que viven 14 niños y 10 adultos.

"Las autoridades han estado aquí tres veces y pues, gracias a Dios no se han portado grosero, pero nos dijeron que debíamos buscar otro lugar donde vivir", reveló el hombre que, en su país, se dedicada a la labores de construcción. 

Confesó con su voz entrecortada que le manda 10 mil pesos a su esposa e hijas, que se encuentran en el estado de Zulia. Con este dinero, en medio de la crisis, pueden comer durante dos días y comprar útiles personales.

"$10 mil aquí son un mes de trabajo allá", indicó Torres. Esta, sin duda alguna, es una frase que refleja la situación que vive Venezuela. 

Zona compleja para su salud

Pese a las ayudas constantes que reciben los hermanos venezolanos, la zona en donde se encuentran pasando las noches no es la adecuada para tener una vida digna y sobre todo una buena salud. 

Las lluvias, su peor enemigo en estos momentos, convierten el terreno en una zona fácil para adquirir virus. Las aguas empozadas en la arena generan la atracción de mosquitos, situación que convierte a los niños en un blanco fácil. 

Así es el caso que viven 10 familias, en una de las zonas del "refugio". En ese conglomerado de cambuches viven 6 niños. 

"Los niños son los que se enferman más con la lluvia, uno adulto aguanta más. Salimos corriendo para la calle, debajo del puente o en los techos de las tiendas", indicó Jeffrey Andaeta.

Jeffrey Andaeta, ciudadano venezolano.  

El joven, que se dedica a vender dulces a las afueras de los centros comerciales de la ciudad, relató el angustioso momento que vivieron en la madrugada del pasado lunes. 

"A las 3 de la mañana cayó de repente un 'coñazo' (aguacero). Corrimos con los niños, agarramos colchonetas y cogimos para allá", contó. 

Andaeta reveló que los niños padecen de varicela y están expuestos a otro tipo de enfermedades, algo que aumenta el drama que padecen. 

Solo piden trabajar

La oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, reveló a principios de este mes que más un millón de venezolanos salieron de su país con destino a Colombia. 

De ese millón de venezolanos que han llegado a Colombia por la crisis en el vecino país, más del 18 por ciento de ellos, uno 172 mil, se instalaron en los departamentos de Bolívar, Atlántico y Magdalena.

Los 60 venezolanos que se encuentran viviendo en la oreja del puente de la calle Murillo con Circunvalar hacen parte de esa cifra. 

Uno de los niños que reside con su familia en los cambuches.

Pese a que reciben donaciones diariamente para su bienestar, los hombres le hicieron un pedido claro al Gobierno colombiano: poder trabajar dignamente. 

Aseguran que con esto podrán abandonar este sector y poder vivir en una casa arrendado. Saben que su estadía en los cambuches no será por mucho tiempo y la salud de las mujeres y niños puede afectarse mucho más con el paso del invierno. 

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Eso sí, prefieren soportar la lluvia dentro de sus cambuches que volver a padecer de cerca una crisis en su país que parece no tener fin. 
 

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