Jairo Hernán Saavedra y su esposa Victoria Caicedo
Jairo Hernán Saavedra y su esposa Victoria Caicedo.
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'Siempre alegre', la canción que pidió el papá de las trillizas en la última rumba de la familia

En la noche previa al terremoto que acabó con la familia caleña.

La noche antes del terremoto que sacudió a Colombia, Jairo Hernán Saavedra y Blanca Victoria Caicedo salieron a disfrutar de una velada de música salsa. Horas después, la pareja y dos de sus hijas trillizas, además de un tío materno, murieron sepultados bajo los escombros de su apartamento en Cali.

Según DJ Prilla, encargado de poner la música en la discoteca 'La caldera del diablo', donde los esposos Saavedra Caicedo fueron de fiesta la noche anterior a la tragedia, la familia siempre se destacó por ser rumbera, alegre y formal.

"Jairo era un aficionado a la salsa y amante de tocar el güiro y la campana, esa noche se quedaron hasta las 12:30 am, pidieron un saludo en video a sus trillizas y estaban felices", indicó DJ Prilla a medios locales.

En medio de la fiesta, Jairo le pidió que pusiera 'Siempre Alegre', una canción de la orquesta La Selecta que escuchaba desde hacía más de 20 años.

"Prilla, si algún día yo me muero, quiero que esta canción la pongan en mi lápida", le dijo después de bailar al pinchadiscos, quien intentó quitarle dramatismo al responderle: "Ay, Jairo, no jodás, vas a vivir mucho tiempo. Aquí nos vemos en 15 días".

Siete horas después, el terremoto cambiaría para siempre la vida de Jairo y su familia.

Familia Saavedra Caicedo.

Un barrio fantasma

Mientras la familia enfrenta el duelo, el barrio Cuarto de Legua intenta recuperar cierta normalidad entre viviendas vacías, edificios dañados y familias que regresan a los lugares donde vivían para sacar sus pertenencias.

En el punto donde estaba el edificio de los Saavedra, operarios con maquinaria pesada remueven los últimos escombros. Entre el concreto aparecen hierros retorcidos y fragmentos de lo que hasta hace unos días era una residencia familiar.

El barrio también parece una zona de desastre. Hay edificaciones colapsadas o con graves daños y vecinos que sacan muebles, ropa y otros enseres de sus viviendas mientras intentan asimilar la magnitud de la tragedia.

"Eran personas muy queridas, se hacían querer, eran buenos seres humanos, muy alegres. Los vamos a extrañar", dijo a EFE Diana, otra de las vecinas del sector.

En Cuarto de Legua, mientras las máquinas retiran los últimos restos de la vivienda, el silencio de los apartamentos desocupados contrasta con el ruido de los equipos de emergencia y con los vecinos que todavía buscan entre sus pertenencias algo que les permita reconstruir la vida que tenían antes del terremoto.

EFE

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