“José mono”: un personaje de la radio, muy difícil de olvidar
Un nombre respetado en la radio barranquillera.
Algunos le decían “cucharita”, y otros “Pepe". Pero durante el tiempo que yo tenía de conocerlo, jamás me atreví a llamarlo de una forma distinta a “José mono”, un cariñoso sobrenombre que José Daniel Sánchez Varela recibió de su familia debido a su blanca tez salpicada de pecas, y a su escaso cabello rubio, casi rojizo. Simplemente porque siempre me mereció respeto y la mayor admiración como un gran hacedor de buena radio, que como pocos tan osados se han dado en Barranquilla.
Porque, lejos de algún egoísmo profesional, supo transmitirnos valiosas enseñanzas a varios de mi generación. Y en mi caso personal, a eso aprendido se suma también una larga amistad desde los tiempos en que su señor padre, José Daniel Sanchez Quintana, era propietario de Radion, un próspero almacén proveedor de repuestos para radioemisoras, localizado en la Paz (Carrera 40) del centro de Barranquilla. Allí iba yo con frecuencia acompañando al radiodifusor y periodista Jaime Jiménez Vides, cuando este necesitaba refacciones electrónicas para su emisora Onda Nueva. Fueron esas visitas las que me facilitaron entablar una relación personal con José Mono y su familia; una relación que, más adelante, se enriqueció con un sólido vínculo profesional, habiendo sido él uno de mis mentores y tutores en el medio.
Por todo esto, cuando en la madrugada de este 8 de enero me enteré de su fallecimiento a través de un mensaje que llegó a mi whatsapp con los titulares de las principales noticias del dia en Barranquilla, por parte de mi colega y amigo Oscar Antonio Rosales, no pude evitar ser invadido por un profundo pesar al tiempo que sentí caer en un torbellino de recuerdos de la que ha sido nuestra mayor pasión: la Radio.
Tal vez lo más destacable de este personaje, forjado empíricamente, fue su sagacidad y astucia como estratega del medio; pero también ese espíritu de lucha que lo caracterizaba; esa desbordada ansiedad por cautivar la audiencia de las no pocas emisoras de las cuales fue su director artístico y programador. Sería injusto no reconocer en José Daniel la autoría intelectual de sistemas de radio musical que llevaron- literalmente - al primer lugar de sintonía a emisoras como ABC (entonces de la cadena Todelar), Radio Minuto, Onda Nueva, Radio Visión (de la caden Caracol) -de la cual fue su gerente durante un tiempo-, de la llamada 96.1 FM, que luego- por su iniciativa- se transformaría en Radio Tiempo, y de La Voz de Las Estrellas (antes Radio Príncipe), una emisora cuya programación mezclaba baladas y boleros contemporáneos, y que por recomendación de José Daniel al ya gerente general de Organizacion Radial Olimpica, Miguel Char Abdala, se me dio la oportunidad de dirigir y programar luego que el también recordado Jacob Guerra C. pasó a ser director de Emisora Atlántico.

Fueron años en que la radio se hacía de forma más artesanal e intuitiva que con el cómodo apoyo de las múltiples herramientas digitales que hoy se tienen a la mano y la orden. Años en los que José Daniel era sin duda el líder generador de ideas para diseñar e implementar estilos de estaciones de radio, particularmente musicales.
Tan creativo era que se inventó una manera muy original de hacer “sonar” los discos (musica impresa en acetatos y vinilos) para que giraran un poco más rápido de lo normal (45 y 33 RPM); 'José Mono’ aplicaba un par de vueltas de cinta pegante alrededor del eje de aquellos pesados tornamesas de marca Rusco que eran, junto a las máquinas de cartuchos, los que reproducían el audio que entonces programamos. El aseguraba que una canción, al escucharse más “rapidito”, representaba una diferencia; que se hacía más del gusto de los oyentes, dejándolos atrapados en la sintonía de la emisora. Era una de tantas “maldades” de José Daniel Sánchez que se ponían a prueba en un medio que demandaba un gran trabajo personal para sobresalir en el cada vez más competido dial de la radio, tanto en la banda de Amplitud Modulada como en la naciente de Frecuencia Modulada.
De su inventiva nacieron estilos de programación muy memorables para varias generaciones de oyentes en la radio de Barranquilla, siendo también el autor de nombres de programas, segmentos e identificaciones tan recordadas como la de “El Agente Musical”, “Buffet musical del mediodía, “De primera”, “Las inolvidables” y “Su majestad el Bolero”, así como había sido, años atrás, el creador de “los dos pegaditos” y de “La parejita musical” , entre muchos otros sugestivos nombres que hoy se diluyen en la memoria de miles de oyentes de radio en las décadas del 60 al 80. Y créanme que si no fuera por la limitación del espacio, podría citar decenas de ideas e iniciativas de ‘José Mono’ que revolucionaron la radio musical en su época dorada.
Pero, no puedo concluir esta síntesis de la vida profesional de este personaje de quien aún me siento su alumno más aplicado, sin narrar una anécdota de la cual supe por un radio operador que tuve a mi cargo en la recordada Oro Estéreo, y que antes había trabajado bajo su dirección en 96.1 FM Estéreo, la primera emisora en FM de la radio de Barranquilla en emitir solo música instrumental. Y es que por aquellos primeros días de la década del 80, aún programábamos cada día de las emisoras seleccionando una canción tras otra en máquinas de escribir valiéndonos de papel y de copias al carbón, para tener un registro, y para velar porque la programación se cumpliera al pie de la letra. Sucedió una noche de sábado, en que José Daniel, vestido de smoking asistía a la recepción de una boda. Pero, como siempre, se encontraba conectado a la emisora mediante diminutos audífonos, cuando de pronto sintió que se habían “volado” el orden de la programación que tantas horas le había tomado hacer durante el día. ¡Y ahí fue troya!
Pidió un teléfono prestado en el club donde se encontraba, y con copia de la programación en mano, llamó al operador para hacerle el reclamo, pero este le respondió que no encontró el disco donde se suponía que estaba, y que por eso se lo había saltado; a lo que José Daniel le replicó: “me corto una h….si ese disco no está donde yo lo dejé con la programación”, procediendo entonces, preso de la rabia, a abandonar la celebración para irse a la emisora con el fin de verificar que el disco realmente no estaba. Ya en el estudio, inició entonces una intensa búsqueda entre cientos de vinilos que conformaban aquella gran discoteca. Poco a poco fue despojándose de su ceremoniosa indumentaria (corbatín, faja, chaqueta, zapatos de charol, etc), para, sentado sobre la alfombra del estudio, seguir haciendo su tarea de hallar el “desaparecido” acetato. Al cabo de un par de horas -dándose por vencido- se levantó de manera silenciosa y fue saliendo del estudio a través del largo pasillo que conducía a la salida, cuando de pronto escuchó detrás suyo aquel grito del radio operador diciéndole con sorna: “Aja, don José Daniel, ¿y lo de la Hue…., que?". Él, simplemente siguió su camino sin doblar la cerviz. Como si no fuera con él.
Así era este auténtico maestro de la radio del caribe colombiano, cuyo físico se asemejaba más a la de un seminarista sueco, distinguiéndose también por ello entre todos nosotros los que trabajamos a su lado. En mi caso concreto, tuve el privilegio de acompañar a ‘José Mono’ en tres emisoras y cadenas de radio, lo cual me hace sentir autorizado para contarles, con fidelidad, un poco sobre su legado; con la seguridad de que, cuando en el futuro, se dignifiquen las memorias de la radio en la ciudad que fue su cuna en Colombia, su nombre aparezca con letras tan doradas como fueron aquellos gloriosos años de ese medio que contribuyó a enaltecer. Paz en su morada final y condolencias para Tini, su primera esposa, y sus hijas.
De las historias de radio de Henry Jiménez.
(01/10/26)