Francisco Ricardo y Catherine Jessurum, representantes de la firma DEB Architecture.
Francisco Ricardo y Catherine Jessurum, representantes de la firma DEB Architecture.
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Jair Varela

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Ecoparque Mallorquín, el proyecto que puso a Barranquilla en el mapa de la arquitectura nacional

Esta obra obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura 2026. La firma DEB y el Equipo Mazzanti fueron los artífices del proyecto. Conozca la historia desde su concepción.

El Ecoparque Ciénaga de Mallorquín logró poner en alto la cultura del diseño y la arquitectura costeña a nivel nacional.

Este proyecto se llevó todos los elogios y la distinción más importante al obtener el Premio Nacional de Arquitectura 2026.

Francisco Ricardo y Catherine Jessurum fueron uno de los artífices de esta gran obra con su firma DEB Architecture.   

Para ellos este premio es un reconocimiento al trabajo arduo y disciplinado, además conjunto, que han venido haciendo durante años y que les permite posicionar aún más a Barranquilla y el talento que surge de esta ciudad.

Francisco Ricardo, encargado de arquitectura en DEB.

“Este premio permite ubicar a las oficinas de la ciudad, no solamente a la nuestra, en el panorama nacional. Nosotros queremos aportar nuestro granito de arena para demostrar que en la Costa Caribe colombiana hay talento en arquitectura y que es importante visibilizarlo”, afirmó Ricardo.

Entretanto, Jessurum destacó que este premio comprueba el impacto de la obra en el bienestar de la ciudad y sus habitantes.

“Ahora que está terminado y las personas pueden recorrerlo y habitarlo, es impresionante ver cómo este tipo de espacios y obras arquitectónicas trascienden la arquitectura y se convierten en un propósito de bienestar para la comunidad”, anotó.

Catherine Jessurum, encargada de interiores DEB.

¿Cómo llega el premio?

El Premio Nacional de Arquitectura 2026, de acuerdo con Francisco, llega a ellos y al Equipo Mazzanti, con quien construyeron este gran proyecto, tras la postulación que hicieron del Ecoparque Ciénaga de Mallorquín a la XXX Bienal Colombiana de Arquitectura y Urbanismo 2026, en Cartagena, en la categoría de diseño urbano y paisajismo.

Sostuvo que es un premio que otorga el jurado entre los ganadores de las 10 categorías que incluye la Bienal. Es decir, que no tiene una postulación independiente o directa.

“Para nosotros, como firma de arquitectura con sede en Barranquilla y en la región Caribe colombiana, es un reconocimiento importantísimo, porque es la primera vez que una oficina de arquitectura de Barranquilla obtiene este premio”, dijo.

De acuerdo con Catherine, en la Bienal fueron cerca de 300 proyectos inscritos y solo 40 resultaron finalistas. De ese grupo, se escogieron los ganadores de las 10 categorías y luego el jurado hizo una única selección para otorgar el Premio Nacional de Arquitectura 2026 que resultó ser el proyecto barranquillero.

El Ecoparque ganó su categoría y, posteriormente, el reconocimiento nacional.

Para la firma DEB, el premio tiene especial relevancia porque sería el primero otorgado a una oficina radicada en Barranquilla o en otra ciudad de la Costa Caribe colombiana.

Premio del Bienal y Premio Nacional de Arquitectura.

Propósito y desarrollo del Ecoparque

Para la firma DEB Architecture, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín era y es un proyecto que merecía postularse por su aporte integral a la sostenibilidad y por el bienestar que ofrece a la ciudad y a sus habitantes.

Francisco mencionó que el proyecto lo ganó con el Equipo Mazzanti para el año 2021 y, desde entonces, llevan trabajándolo aproximadamente cuatro años.

Durante ese tiempo se desarrollaron los diseños de las dos primeras etapas y posteriormente se ejecutó la obra.

“Sentíamos que era el proyecto ideal para postular porque se desarrolla en un ecosistema de interés nacional y tiene una gran importancia ambiental. El espacio donde está proyectado el Ecoparque es un ecosistema de manglar, especie altamente protegida no solo a nivel departamental, nacional o local, sino también mundial”, anotó.

Precisó que este era un ecosistema, antes de su intervención, altamente deteriorado por la acumulación basura, las invasiones y la tala de mangles.

Indicó que este proyecto permitió “proteger ese espacio y hacerlo visible”.

“Creemos que el Ecoparque le está aportando de manera integral a la sostenibilidad del ecosistema”, refirió.

Destacó que el proyecto utiliza materiales sostenibles y que busca integrar a la ciudadanía sin levantar un muro que convierta la naturaleza en un espacio inaccesible y sin contacto con las personas.

“Esas características fueron determinantes para considerar que valía la pena postularlo y buscar que recibiera un reconocimiento nacional”, apuntó el representante de DEB.

Ecoparque Ciénaga de Mallorquín.

Un proceso de cocreación

Catherine Jessurum destacó el proceso de cocreación en este proyecto, en donde no solo trabajaron las dos firmas de arquitectura, sino además la comunidad, la academia y demás autoridades de la ciudad en pro de un objetivo común.

“Creemos mucho en los procesos de cocreación. Es en esos espacios donde confluyen muchas mentes creativas con un propósito común donde mejor se desarrollan las ideas y surgen los mejores proyectos”, dijo.

Reiteró que el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín es el resultado del trabajo de muchas personas, entidades, estudios y equipos que, durante años, han “buscado comprender el espacio, estudiarlo, identificar sus problemáticas y encontrar soluciones”.

Por su parte, Francisco sostuvo que en la Ciénaga de Mallorquín hubo muchos aportes.

Indicó que la academia contribuyó con investigaciones, los ingenieros y sus equipos hicieron un trabajo impresionante y también se desarrollaron estudios de biología para comprender la flora y la fauna del lugar.

Equipo de DEB Architecture.

Señaló que fue fundamental entender cómo iban a entrar al territorio. Destacó que fue la misma comunidad del sector la que fue les fue marcando la “pauta”.

“Quienes han visitado el Ecoparque pueden darse cuenta de que hay un sendero de aproximadamente cinco metros de ancho. Ese trazado tiene una razón de ser: era el camino por el que los pescadores ingresaban a la ciénaga. No podíamos talar ningún mangle, así que tuvimos que ir prácticamente a campo y, durante el desarrollo de la obra, identificar por dónde podía avanzar el sendero para adentrarse en la naturaleza sin afectarla” contó.

Precisó que el gran circuito elevado, desde el que se puede observar el entorno natural, se construyó en un espacio que ya había sido talado, por lo que la obra no afectó el ecosistema.

“La arquitectura empieza a comprender el territorio a través de la investigación académica, el trabajo de biólogos e ingenieros y la participación de entidades que fueron fundamentales, como Puerta de Oro, Edubar y la CRA, que también realizó un importante ejercicio de reconocimiento del territorio junto con las comunidades”, señaló.

Ambos representantes de DEB destacaron la voluntad política desde la Alcaldía para “recuperar estos espacios que durante tanto tiempo habían estado abandonados y olvidados en nuestra ciudad, y darles la importancia necesaria para sacarlos adelante”.

Concepción visual del Ecoparque

Catherine Jessurum aseguró que gran parte de la concepción creativa de este proyecto surge del propio lugar.

Indicó que la ubicación de los senderos actuales sigue el trazado de los caminos que utilizaban los pescadores para llegar a la ciénaga.

“Es el mismo territorio el que nos proporciona los conceptos creativos y nos da el punto de partida para comenzar a pensar en el proyecto”, anotó.

Entretanto, Francisco Ricardo sostuvo que, durante los ejercicios creativos y el trabajo con la comunidad para comprender el manglar, el territorio y el lugar, empezaron a explorar cómo podían conectar con el subconsciente de las personas.

Manifestó que los trazados que se diseñaron y construyeron sobre el agua evocan el movimiento de la ciénaga. “Es casi como desplazarse en una especie de zigzag, como si uno estuviera recorriendo las raíces de los mangles”, dijo.

“Cuando observamos un mangle, vemos cómo de su tronco salen numerosas raíces que se entierran y se extienden por el agua y el terreno. Con esos trazados quisimos apelar al subconsciente para que, cuando las personas recorran el Ecoparque, sientan que están caminando sobre las raíces del manglar. Es una manera creativa de relacionar la arquitectura con la naturaleza y ayudar a comprender el ecosistema”, apuntó.

A su turno, Jessurum agregó que la madera usada para la construcción del Ecoparque fue un elemento fundamental para evitar un impacto fuerte al ecosistema de manglar que yacía en la ciénaga.  

“La madera es uno de los materiales más nobles en términos de sostenibilidad y, en este caso, proviene de una granja sostenible. Esto permite que el principal material del proyecto sea coherente con el enfoque de sostenibilidad del ecosistema en el que se desarrolla”, subrayó.

Asimismo, sostuvo que fue el material que recomendó la Corporación Autónoma Regional (CRA) para generar el menor impacto posible con una construcción en esta zona.

Proyecciones de la firma DEB

Desde la firma DEB Architecture se están proyectando nuevas etapas para el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín.

Manifestaron que se encuentran trabajando con la Alcaldía de Barranquilla y el Equipo Mazzanti en una nueva fase que contempla un espacio de conexión con el barrio Las Flores.

“Estamos muy emocionados de desarrollar esta nueva etapa y de que el proyecto siga creciendo y consolidándose entre los barranquilleros y las personas que vienen de otras partes. Este proyecto dejó de ser solamente de los barranquilleros y se convirtió en uno de interés nacional e incluso mundial”, destacó Francisco Ricardo.

“También queremos seguir aportando a la conservación de ese ecosistema de manglares, que tiene importancia nacional y mundial, y que es fundamental para la sostenibilidad de nuestro planeta”, anotó Catherine Jessurum.

La oficina también se encuentra desarrollando otros proyectos como un hotel en El Salvador y otras iniciativas en la región Caribe.

“Para nosotros es supremamente importante apostarle a nuestra región, devolverle a nuestra ciudad y contribuir con nuestro granito de arena al desarrollo de Barranquilla, de la Costa Caribe y de toda Colombia. Creemos que sí se puede”, apuntaron.

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