Candelaria celebra sus 345 años y sigue considerada la sultana del sur
Tierra de hombres trabajadores e incansables, capaces de laborar siete días y tres noches para obtener el ladrillo rojo vitrificado, el mejor de toda la región.
Por Nohemy Lelia Miranda Bojanini
Candelaria, Atlántico: tierra de hombres trabajadores e incansables, capaces de laborar siete días y tres noches para obtener el ladrillo rojo vitrificado, el mejor de toda la región. Tierra también de mujeres hermosas e inteligentes, que brillan con luz propia. Allí crece el guayacán, uno de los árboles más fuertes del mundo. Es una localidad custodiada por el glorioso San Vicente Ferrer y la Virgen de las Candelas.
Esa es Candelaria, la Sultana del Sur.
Poblada en 1681 por Manuel y Domingo Caravallo, descendientes de portugueses que arribaron por un brazuelo del imponente río Magdalena, la zona era entonces un terreno baldío y pedregoso que denominaron Corral de Piedras. Allí iniciaron el caserío y, alrededor de la plaza, construyeron corrales de piedra para proteger el ganado.
Ese primer asentamiento dio nombre al barrio inicial, en alusión a la similitud que encontraban con la isla de Cabica, ubicada en la actual capital del Atlántico. Las primeras construcciones fueron levantadas con barro, piedra y cal. Con el paso del tiempo, al caserío comenzaron a llegar familias extranjeras como los Quezada, Bojanini, Curé, Hemer, Quido, Mazenett, Montenegro y Cabrales, quienes contribuyeron a su crecimiento y consolidación.
El nombre de Corral de Piedras fue posteriormente sustituido por La Tasajera. Para 1745, este era un sitio ubicado en la jurisdicción de Real de la Cruz, sobre el cual pesaba una orden de destrucción y de reubicación de sus pobladores, al ser considerados arrochelados.
Tras ser notificados, sus habitantes interpusieron una solicitud, a través de un apoderado, en la que pedían autorización para permanecer en el lugar (A.G.N., 1745), comprometiéndose a construir una iglesia. Esta obra fue efectivamente realizada y comunicada en 1747 a las autoridades eclesiásticas.
El nombre de La Tasajera obedecía a la actividad comercial de muchos de sus vecinos, quienes se dedicaban a la preparación y venta de tasajo. Esta labor se intensificaba cuando los galeones españoles llegaban a Cartagena Los comerciantes se desplazaban hasta esa ciudad a través del Canal del Dique, transportando en canoas carne seca y salada por el caño de Loro y una ciénaga que servía de conexión.
Con el paso del tiempo fueron surgiendo nuevas viviendas, calles y barrios, como la calle Pedro Quezada Romero, la calle Real y la calle Dos de Febrero, así como sectores emblemáticos como Juana Díaz, Buenos Aires, Las Tablitas y El Arroyo.
En el barrio Cabica nació el egregio doctor Pedro Quezada Romero, y de estas tierras también emergieron destacados deportistas como Alfonso “Pipi”, Lizímaco y Jesús “El Chu” Guerrero Escamilla, así como Jorge “Ají” Cantillo. En este mismo barrio vieron la luz la reina de carnaval por siempre, Encarnación Guerrero Rojano, y la pajaritera Natividad García.
Barrios como El Arroyo conservan una profunda riqueza cultural ancestral. Allí surgió la banda Ritmos Candelaria, con más de cien años de vida artística, de la que han hecho parte familias como los Domínguez Fonseca y los Domínguez Rojano. El grupo de vallenato, Los Punta Mocha de los hermanos Sarmiento Muñoz. Disfraces de tradición, como el cepo, la mulita, las pilanderas.
Hablar de Candelaria es evocar la Villa de la Candelaria, donde aún se conservan, alrededor de la plaza, casas que guardan la memoria del tiempo: la del doctor Fernando Cervantes Vizcaíno, las de los Mazenett, Cabrales, Bojanini y Hemer. Construcciones tan antiguas como la sede de la alcaldía municipal, algunas hoy en pie, otras sumidas en el abandono.
Es también hablar de su gente, amable y cordial, en un lugar donde todavía se respira paz y tranquilidad.
Sus ricas bolleras, sus terrenos de barro —Julieta—, dan origen al ladrillo rojo vitrificado, reconocido como el mejor de toda la región. Y es recordar a personajes como Manuel Zenón Montenegro García, quien llegó desde Mahates, Bolívar y se quedó en Candelaria, donde fue alcalde, siendo uno de los más recordados de la época en que estos eran designados por el gobernador.
En Candelaria recordamos a quien fue el primer alcalde elegido por voto popular, Simón Santander Bolívar Valencia; así como a las siete mujeres que han ocupado ese cargo. También evocamos con orgullo a sus dos Señoritas Atlántico, a una Niña Candelaria y a una reina del Carnaval Intermunicipal de Santo Tomás de Villanueva. A ellas se suman tres reinas del Carnaval del Sur y sus riberas, en Campo de la Cruz.
Sus mitos y leyendas siguen encantando a propios y visitantes. Somos únicos en el Caribe colombiano con la leyenda del Gangoso, así como con la poza de Santo Domingo, en Las Lomas del Coco.
Es, además, tierra de hijos ilustres que han ocupado cargos importantes en el departamento del Atlántico. Algunos han sido gerentes de la empresa pública municipal, como el administrador de empresas Álvaro de Jesús Cervantes Sanjuanelo; otros han dirigido entidades como la Triple A, caso de Ramón Hemer, o han sido directivo en Coolechera y Asoganorte, como Jorge Rodríguez Consuegra, entre otros.
Aparte del libro “Que Hablen los Abuelos y se Abran los Baúles”, próximo a publicar