Kylian Mbappé festeja su gol con el uruguayo Fede Valverde.
Kylian Mbappé festeja su gol con el uruguayo Fede Valverde.
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EFE

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Real Madrid derrotó al Inter de Milán, pero fue 'pitado' por su afición

Goles de Kylian Mbappé y Fede Valverde le dieron la victoria 2-1 al equipo merengue.

El Real Madrid encontró ante el Inter la victoria donde más insistió Mourinho: en la presión, origen de los goles de Kylian Mbappé y Fede Valverde, y en Thibaut Courtois, refugio de siempre cuando el conjunto italiano discutió una victoria (2-1) más corta de lo que finalmente contó el marcador tras un choque sin fútbol que ofuscó al Bernabéu en el tramo final.

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El Inter entendió mucho mejor la primera parte. Jugó con más naturalidad, encontró espacios y disparó diez veces. Huijsen rozó el gol en propia puerta, Courtois respondió e inició su serie de paradas con una intervención ante Calhanoglu y Curtis Jones sacudió la cruceta. Al descanso, sin embargo, perdía 2-0.

Al Real Madrid le faltó juego, pero no energía. Y encontró los goles precisamente en la presión, asunto que provocó cierto fastidio en Mbappé. El francés dio con el premio persiguiendo a Bisséck, forzó su error y aprovechó después la asistencia de Brahim para marcar el primero. No hubo elaboración, pero sí voracidad.

El segundo fue todavía más expresivo. Valverde corrió detrás de una pelota que parecía propiedad de Josep Martínez, llegó hasta el portero, provocó un despeje defectuoso y recibió el premio del rebote: el balón golpeó en él y acabó en la red.

Thibaut Courtois despeja la pelota ante el asedio de Lautaro Martínez.

El 2-0 explicó los goles, pero no el partido. El Inter había jugado más y amenazado mejor; el Real Madrid había exprimido dos errores con una eficacia feroz. Incluso Bellingham pudo añadir el tercero en una contra que Josep Martínez desbarató con una gran parada. El equipo de Mourinho llegó al descanso con poco fútbol, mucha presión y una ventaja magnífica.

La reanudación no trajo nada nuevo en el ecosistema salvo unos primeros silbidos a Vinicius, que sigue sin brillo, y después al Real Madrid en su conjunto cuando fue incapaz de culminar alguna contra. Porque el Inter, seguía igual, amasando la pelota y creando peligro. Y de nuevo apareció Courtois, con dos paradones: a Curtis Jones y a Bastoni.

El Real Madrid, mientras, perdonó a la carrera. Tenía espacio para correr. No había juego, pero sí una opción al contragolpe. No sentenció y casi lo pagó caro. Sobre todo con una de Bellingham y otra de Brahim, que no dieron en la diana. Por eso, el tanto de Carlos Augusto, en el minuto 76, con un remate casi debajo de la portería tras ganarle la posición a Konaté, fue un problema.

Del posible 3-0 se pasó al 2-1 y a la ofuscación de una parte del Bernabéu. Comenzaron los silbidos solo silenciados con algún arranque de Diomande que generó expectación. Hubo algo de bronca y Vinicius se llevó la peor pitada cuando fue sustituido. Mientras, el Inter seguía a lo suyo, con tiempo por delante para hacer mucho daño a un equipo en construcción. Sin embargo, la sangre no llegó al río y el Real Madrid, se fue con vida beneficiado de aquello de lo que adoleció en temporadas pasadas: la presión que provocó errores y los goles de Mbappé y Valverde.

EFE

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